Por J. Jesús López García

122. Capilla de San Pelegrino LaziosiDespués del Concilio Vaticano II convocado por el Papa Juan XXIII se pensaría que en lo referente a espacios para celebrar la liturgia católica se observaría al pie de la letra lo que en esa asamblea se postuló para la nueva arquitectura religiosa: la centralidad del presbiterio con el altar, la cruz y el atril como elementos principales, sobre el que gravitaría la asamblea. La desaparición por tanto del retablo, la ausencia parcial de las imágenes propias de la iconología tradicional, preservándose las figuras de la cruz y de la Virgen. Así mismo los grandes claros estructurales deberían cubrirse con materiales pétreos para conservar el significado de esa cubierta como una analogía de la inmutabilidad y permanencia del Cielo.

Se pensaría -pero realmente a medio siglo del concilio prevalecen al menos en Aguascalientes- por lo general los viejos esquemas lineales, retablos más simplificados, iconología menos profusa en imágenes pero aún de fuerte presencia. Y es que tal vez más que poca aceptación de la propuesta arquitectónica derivada del concilio, es la idiosincrasia de la población católica la que aún muestra apego por la tradición.

El conservadurismo de la misma feligresía en el siglo XVIII también retrasó la llegada del racional y relativamente austero neoclasicismo a la Nueva España; los repertorios barrocos fueron cultivados hasta fines de ese siglo y se interrumpieron de tajo sólo por la guerra de Independencia. Aún en la segunda mitad del siglo XIX, el eclecticismo afín a la elocuencia barroca, fue ejercitado por los constructores locales ante el beneplácito de la sociedad aguascalentense hasta principios del siglo pasado, situación nuevamente interrumpida por una nueva guerra: la de la Revolución.

A mediados del siglo XX se experimentó con repertorios constructivos y formales modernos pero en esencia salvo pocos ejemplos como el de la parroquia de Jardines de la Asunción, los templos han seguido presentando esquemas lineales en una disposición espacial tradicional, con logros técnicos y compositivos totalmente adscritos a su contemporaneidad; lenguajes formales diferentes continúan manteniendo el espíritu barroco de integrar la tradición añeja al impacto de la composición novedosa.

Las propuestas son variadas y de diferentes fortunas. Las hay partidarias de la simplicidad formal, también existen las que manifiestan propensión a analogías o apropiaciones de elementos y expresiones de otras arquitecturas u otros autores. Sin un lineamiento normativo preciso sobre relaciones de vanos y macizos, disposiciones de campanario, orientación de accesos y fachadas, por mencionar a algunos factores, la libertad compositiva es elevada, no obstante existir una Comisión de Arte Sacro avalada por la diócesis local que tiene la facultad de sancionar las soluciones arquitectónicas.

Ante la falta de observancia de un canon a la manera tradicional, las posibilidades de diseño se amplían pero sin garantizar la conclusión de una buena muestra de arquitectura, lo que es lamentable pues un edificio de naturaleza religiosa independientemente del credo, siempre es motivo de cohesión comunitaria, además de representar la realización de una importante inversión económica en una obra cuyo fin no es la especulación de lucro sino una entrega generosa a la ciudad.

Por lo anterior exponemos propuestas que presentan algo de las buenas capacidades de la arquitectura para significar con un buen diseño, elementos atrayentes y con una economía de recursos. El templo dedicado al santo medieval San Pelegrino Laziosi ubicado en el fraccionamiento La Herradura, tiene una disposición lineal tradicional en una planta asimétrica de cruz latina lo que genera una volumetría muy sugestiva manifestada tanto al exterior como al interior de una manera sobria y grata.

Remata el presbiterio con una curva que hace eco a los ábsides de la Edad Media, tal vez en alusión al tiempo en que el santo vivió, pero lo hace de una forma que evoca el dinamismo propio de nuestra época. La portada, toda dispuesta en un solo paño varía su perfil en sentido vertical disponiéndose en dos elementos de ángulos rectos sirviendo el más grande como lienzo en que la sencilla cruz proyecta su sombra, y el más alto como campanario, unidos ambos por un acceso de dintel deprimido que proyecta sombra al acceso que con la profundidad de su emplazamiento -a la manera de un pequeño exonártex, da una nota de dramatismo al paso entre el exterior y el interior.

La portada recuerda a los pilonos que daban acceso a los grandes templos egipcios del Reino Nuevo pero sin los relieves y sólo enfatizando en la contundencia de su paño blanco su perfil respecto al cielo y a los árboles aledaños. El interior recoleto y de formas amables incluso dispone un área infantil para que los pequeños también participen de la celebración litúrgica sin menoscabo del silencio; es éste precisamente lo que la arquitectura de la capilla parece enfatizar. Un silencio por cierto, muy elocuente.