José Luis Macías

Apuntaba con clara racionalidad un querido maestro, que la ética del poder es la eficacia para llegar a él. Concuerdo, si nos paramos sobre el concepto de poder, entonces las acciones encaminadas para adquirirlo, acumularlo y preservarlo serán acertadas y las que no, serán erróneas.

Entonces… ¿Será éticamente correcto para un político realizar acciones encaminadas a la obtención del poder? Desde luego que no, ya que, aunque muchos suelen confundir los términos, recordemos que poder es una cosa y política es otra, y en el caso, el político se debe dedicar a hacer política y no a acumular poder.

Así, la ética en la política no tiene relación con el poder, sino que consiste en la verificación, de que las conductas realizadas por el político, se encuentren guiadas por un análisis responsable respecto del mejor bienestar que pueda generar para una colectividad. Lo mismo pero en corto: un político ético es aquel que honra el objeto de la política, es decir, que decide buscando un bien público y se abstrae de intereses personales. Como ve, incluso política y poder guardan valores éticos no solo diferentes, sino incluso opuestos.

Hago estas reflexiones a propósito del tema de actualidad en Aguascalientes referente a la postulación de candidatos para el proceso electoral de este año.

No en pocas ocasiones, en la historia hemos visto cómo hay una confusión de las palabras poder y política y se han prostituido los ejercicios internos partidarios de reflexión en torno a la designación de candidatos y termina deformándose, lo que debería de ser un diálogo que le garantice al partido político en turno obtener a los mejores candidatos, en una burda negociación de fichas en una mesa de póker.

Se trata de política y no de poder. La responsabilidad de un partido es de postular no al que la circunstancia lo colocó en la lista, sino al que se considere que reúna las mejores cualidades para la actividad política, que como ya dijimos, consiste en la trasformación de realidades en beneficio de todos.

En ese orden de ideas, los candidatos, todos, sin excepción, deben llegar mediante una decisión seria, responsable y razonada de parte del partido político y nunca por una estrategia de acumulación de poder de algún actor.

Los candidatos son del partido, no son de un grupo, menos de un político.

Los partidos deben asumir la rectoría absoluta en los procesos de postulación de candidatos y garantizar que lleguen los que a la institución mejor le convenga.

“Candidato no pone candidatos”, platicaba en reciente tertulia el aspirante a la gubernatura, Miguel Romo Medina y reflexionaba ante la mesa que no podemos pervertirnos ante el poder bajo la excusa de la política.

En ese sentido, la selección de candidatos solo le compete al partido político y en cuanto a los aspirantes, cada uno debe seguir su carril y estar listo para arar con las mejores yuntas que se habrán de seleccionar.

Cada aspirante a los diferentes cargos de elección popular, para levantar la voz, primero debe verificar que tiene la autoridad moral para hacerlo y para levantar su mano, primero debe estar seguro de tener los argumentos suficientes para hacerlo, solo así, podremos dignificar nuestras decisiones.

No podemos permitir que los procesos de designación se conviertan en una pasarela de militantes que, guiados por estrategias de acumulación de poder, se apunten como aspirantes de forma irresponsable solo apostando al desequilibrio o al chantaje.

La designación de candidatos no es un reparto de rebanadas de poder, es un análisis responsable que tienen que hacer los partidos políticos para escuchar todas las voces dentro de su instituto y seleccionar a los mejores, esa es la razón de la existencia del partido y esa es la demanda que la sociedad le hace.

No nos confundamos, el garantizar los equilibrios de representatividad para bien de la organización que sin duda es fundamental para aglutinar toda la fuerza de cara a una contienda electoral, nada tiene que ver con un ajedrez de poder donde el partido pierda la brújula de sus decisiones solo por conceder ambiciones.

Ni reintegros, ni monedas de cambio, la política es cosa seria.

@licpepemacias