Cambio de narrativa

Itzel Vargas Rodríguez
Los resultados electorales del pasado 5 de junio lograron replantear nuevos escenarios en la arena política que antes no estaban descritos.
Vimos cómo el principal partido al poder sufrió un fuerte descalabro a nivel nacional que le viene a cambiar el panorama para los próximos años. Para el PRI, continuar con la presidencia en el 2018 es una probabilidad que se visibiliza más borrosa. Ahora le queda muy poco tiempo a este partido para hacer ajustes y sobre todo planear nuevas estrategias que le permitan seguir avanzando, porque ya está en una etapa política de desgaste y estancamiento.
Fuimos testigos también de cómo el principal opositor del PRI, el PAN, logró encumbrarse de una forma inesperada, aliándose con un partido que ya estaba por destruirse internamente, el PRD. Ahora el PAN cuenta con amplias posibilidades de recuperar la presidencia que hace 4 años le dejó al PRI, sin embargo, en cada estado tendrá que ir demostrando que es una opción viable de alternancia.
Todo este cambio de panorama electoral, así como el año pasado con la llegada al poder de las candidaturas independientes significó un cambio en la narrativa nacional, porque representaba la posibilidad de abrir nuevos espacios a la ciudadanía para administrar el poder público, ahora, con la enorme derrota del PRI y la amplia ventaja del PAN, la narrativa de igual forma ha cambiado.
Pero no sólo la lectura de lo que sucede, la propia narrativa de cada partido cambia, es decir, la forma en como plantean y comunican sus objetivos a futuro.
Si el PRI hubiera conservado la mayoría de los estados, su narrativa ahora probablemente sería la de continuar el camino andado para seguir gobernando de la misma forma. Pero como los resultados son adversos, la dinámica es completamente diferente.
Ahora por ejemplo, el PRI tendrá que formar nuevos cuadros, personas sumamente ciudadanizadas y con alta credibilidad social, que puedan construir un proyecto político creíble, alejado de la imagen tan mala que tiene este partido actualmente. Debe ser ahora un partido con una narrativa que reafirme su ideología liberal, de centro, reuniendo a aquellos pensamientos sociales afines que no se encuentran entre la ultraderecha que acoge el PAN, la perdida izquierda que suele haber en el PRD, y a quienes no concuerdan con las ideas de AMLO en MORENA también.
Esa reivindicación de la que desde hace mucho presume pero no logra. Hay límites hasta para la mejor estrategia de comunicación o marketing político, y es que sin duda, en algún punto debe haber coordinación entre forma y fondo, si sólo se comunica estratégicamente pero sin estructurar por dentro, el castillo de papel se derrumba por la fragilidad de sus paredes.
Por otro lado, el PAN goza ahora de la posibilidad de construir una narrativa de cambio creíble. Basada no sólo en ser el partido idóneo de oposición, sino que también las características contextuales le favorecen. Afianzarse en términos como apelar a los valores, la transparencia y el desarrollo económico que han sido parte de sus términos narrativos, pero, por ejemplo, modificar aquellos que tengan que ver con la seguridad, diversidad y tolerancia, que son sus puntos más álgidos y delicados.
El PRD, por su parte, desde hace tiempo tiene el reto de convertirse en una opción viable de las izquierdas fuera de la Ciudad de México, y lo mismo ocurre con MORENA.
Ahora corren políticamente los tiempos más delicados en donde la estrategia política, narrativa y de tierra son las más importantes para conquistar la preciada silla presidencial rumbo al 2018 y todos los partidos tienen un trabajo enorme en dos vías, hacia lo interno en sus partidos y militancia, y hacia lo externo, donde se encuentra la batalla más fuerte: convencer a un electorado que ya tiene años sin creer ni interesarse en política porque la oferta, justo, ha sido muy vana.
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