107. Calle Juárez en los años cincuentaPor J. Jesús López García

Las calles son sitios en los que a fuerza de ser vividos diariamente en su calidad de espacios públicos, donde por ello son de alguien y de nadie, van desapareciendo de nuestra imagen visual paulatinamente. Se especifica lo <<visual>> de la percepción, pues el resto de los sentidos sigue experimentando muchos factores que una rúa puede brindar: olores, sonidos, sensaciones táctiles y cercanas a ellas, la experiencia del frío y del calor, lo seco, lo húmedo. Ante esta paleta de experiencias, es curioso cómo la impresión de la arteria se va desvaneciendo de nuestro recuerdo consciente.

Sin embargo, solamente basta un poco de atención para volver a percatarnos que esos sitios poseen una personalidad que con frecuencia se manifiesta de diversas maneras: ésta tiene muchos comercios de tal o tal tipo; otra presenta unas agradables sombras, aquella tiene un excesivo soleamiento y una más es estrecha y no caben dos personas en su ancho.

Varias calles acompañan la naturaleza de su actividad y lo intenso de su uso a una imagen arquitectónica-urbana digna de remembranza. Su arquitectura hace evidente el espíritu de la época de su levantamiento y conviven con el entorno que les es cordial; su infraestructura es discreta y no invade el ámbito de actividad de la gente que la transita. Otras rutas van configurando un concepto con los desechos de abandonos sucesivos -anuncios viejos y descoloridos que nadie se ocupó de borrar o retirar, cables colgantes en desuso, mobiliario urbano estropeado-, mostrando procesos de arreglos que no se tiene prisa en terminar o con elementos construidos que obstaculizan o limitan la actividad vigente en el sitio.

La calle Juárez es una de esas vías de intensa actividad en nuestra ciudad aguascalentense, posee características pertenecientes a dos polos pues conecta la Plaza de la Patria con la calle 5 de Mayo y ésta con la vieja salida de la ciudad hacia Zacatecas. En sus paramentos podemos reconocer fincas de excelsa fábrica como el Banco de Zacatecas de Refugio Reyes, el edificio de comercios y despachos conocido como Telas Diana diseñado y construido por el arquitecto Francisco Aguayo Mora, o en su momento la desaparecida propuesta vanguardista de La Casa de Vidrio proyecto del ingeniero Salvador Leal Arellano –posiblemente muy adelantada a su tiempo en relación a lo que hoy se edifica: fachadas totalmente de cristal-; inmuebles de buena calidad pero más discretos, espacios importantes en la historia de la ciudad como el templo de Tercera Orden o la Escuela Pía, el centro comercial de abolengo El Parián, así como una ininterrumpida línea de ocupación en el sector servicios que infunde plusvalía a la renta de espacio en todo el sitio.

Sin embargo, hoy en día se observa el deterioro causado por la intensidad del tráfico, pero también arquitectura de triste fortuna, como el Mercado Terán o de desafortunadas intervenciones –el excelente edificio Art Déco de la ex Lonchería El Mono, ¡¡¡que raya en lo patético!!!- cuando no de una calidad que desmerece la oportunidad de hacer algo en un lugar donde hay monumentos importantes.

El tránsito por la calle es dinámico, sea a pie o en auto es perceptible el ajetreo provisto por una intensa actividad comercial; es ahí donde el diseño urbano vuelve a hacerse presente de maneras irregulares: mobiliario poco operativo, en mal estado y ubicado de formas no muy eficientes, elementos que constriñen la circulación de las personas, que además limitan las posibilidades de acceso, tal es el caso de la rampa de salida de El Parián, y en todo el lugar la claudicación de consolidar sombras arbóreas acompañando las provistas por los árboles ya existentes para hacer del entorno un ámbito amable y hospitalario, y de paso contribuir a minimizar la incidencia solar en los viandantes de la zona centro de la ciudad.

En los años ochenta, la calle Juárez de tener flujos de automóviles y de personas, se proyectó para que solamente tuviera tráfico peatonal en dos cuadras: desde Moctezuma hasta Rivero y Gutiérrez. Con el paso del tiempo y con una mayor población urbana que presenta pautas de interacción social y de consumos distintos a las de la intervención, el deterioro urbano ha hecho presencia, por el cual hoy se presenta como un área de oportunidad para recuperar espacios donde aún se encuentra una importante actividad social y comercial, pese a que se carece de alicientes para la vivienda, provocando la desocupación parcial de inmuebles -los niveles superiores ahora bodegas- y el cese de actividades al caer la noche.

A través de acciones en su arquitectura y en el diseño urbano, se podrá restituir a la cotidianeidad de la calle los medios para que su funcionamiento sea amigable a la población; recuperar la imagen magnificente y funcional propiciando un espacio urbano que invite a la habitación y el disfrute de su recorrido que algún día tuvo la calle Juárez, ¡ícono de nuestra ciudad aguascalentense!