Por J. Jesús López García

108. Calles 5 de Mayo y JuárezComo tantas calles principales en todos los centros urbanos del mundo, la Calle 5 de Mayo en el centro de nuestra ciudad, se configuró a partir de los flujos humanos durante el periodo de apertura entre los siglos XVI y XVII de la entonces Nueva España hacia sus territorios del norte que se extenderían incluso hasta Alaska, abriéndose camino primero de una forma diluida en medio de la vastedad del gran territorio americano en proceso de conquista–colonización, y luego paulatinamente consolidándose en traza urbana reconocible.

La Calle 5 de Mayo conecta con la llegada desde la ciudad de México, que trasponiendo primero el Arroyo El Cedazo –actualmente Avenida Ayuntamiento- y posteriormente el Arroyo Los Adoberos, cuyo lecho hoy ocupa la avenida López Mateos, continúa en una línea curva irregular en su sección transversal hasta entroncar con la salida a Zacatecas.

Tal vez fue la inicial calle formalmente trazada de nuestra ciudad pues haciendo las veces de primer paramento el presidio -el fuerte que disponía la fundación de la Villa de Nuestra Señora de la Asunción de las Aguas Calientes- fue el inicial elemento arquitectónico significativo con una importancia comunitaria y pública en donde actualmente se asienta el Hotel Imperial frente de la Plaza de la Patria.

En el urbanismo romano antiguo los augures ayudaban en el trazo de las calles importantes de las nuevas fundaciones dispuestas en retícula. Como <<cardo>> se conocía a las calles con una orientación norte–sur -de ahí el nombre de los puntos cardinales- y como <<decumano>> se designaba a las vías con una ubicación oriente–poniente. Donde convergían al centro de lo trazado el “cardo máximo” con el “decumano máximo” se disponía el foro: principal plaza pública, representación de la grandeza y diversidad del mundo latino.

Aun considerando su trazo arqueado -el trazo romano era recto-, la Calle 5 de Mayo bien puede ser interpretada como nuestro cardo máximo pues no sólo conecta las entradas y salidas hacia la capital del país, así como hacia el norte del mismo, sino que también configuraba hasta hace pocos años el lindero occidental de nuestra primera plaza pública.

Lo anterior no es fortuito pues el urbanismo romano fue una de las fuentes sobre las que se apoyó la definición de las Ordenanzas de descubrimiento, nueva población y pacificación de las Indias que Felipe II promulgó en Segovia en 1573, dos años antes de la fundación formal de Aguascalientes y que contenía apartados normativos muy sólidos respecto a la traza que habría de regir en la planeación de las nuevas ciudades americanas.

Con este inicio remoto y de cierto lustre real, la Calle 5 de Mayo se nos presenta actualmente con algunas modificaciones como el paso subterráneo que hace desaparecer a nuestra vista el primer contacto desde el sur, haciendo difícil también la visual del primer cuadro de la ciudad y del nacimiento de la arteria en comento.

Se nos presenta también con una lectura formal algo confusa y dispersa merced a la variopinta construcción que se da cita en sus paramentos y a las secciones de la misma calle que estrecha el flujo peatonal a dos simples banquetas, siguiendo el flujo sur-norte de los autos; continúa en sucesivos desahogos espaciales haciendo que la calle no se sienta constreñida, a costa de dispersar su imagen urbana, que se percibe fragmentaria y de poca permanencia en la memoria pese a tener construcciones y espacios de valor comunitario como el Mercado Terán, el Jardín de Zaragoza y el templo del Sagrado Corazón, además de algunos ejemplares de interés arquitectónico como lo son varios edificios construidos en las décadas de los cincuenta y sesenta con un lenguaje moderno.

A la percepción fragmentada contribuyen también la multiplicidad de anuncios de todos tipos que se agolpan a la vista vulnerable del transeúnte y a los polos de formas poco precisas de la misma calle: por un lado un paso a desnivel que junta la oscuridad con una abrupta subida y por el otro una pequeña avenida anodina y sin mucho que ofrecer a la vista, salvo el mercado que anualmente se presenta en ese sitio con motivo de la temporada navideña.

Con todo, la Calle 5 de Mayo no ha dejado de lado su principal característica, en la que poco tiene que ver su imagen física: su animación. Continúa siendo una avenida diversa en perspectivas, en visitantes y maneras de ocupar el espacio. Actividades religiosas, de esparcimiento, comerciales, y de prestación de servicios se disponen conjuntamente con la vivienda; la calle por sí sola parece regular lo que en ella acontece.

Esta arteria es valiosa en nuestra memoria y en nuestras actividades cotidianas; en ella convergen infinidad de calles significativas, cual espinas en la columna vertebral de un pez, baste mencionar las de Allende, Rivero y Gutiérrez, Adolfo Torres, Unión, Valentín Gómez Farías, Arteaga, Larreategui, Juárez, La Mora, San Ignacio, Jesús Terán, Jesús María, Jesús Bernal y finalmente su entronque con Zaragoza.

El paso del tiempo ha deteriorado física y perceptualmente su imagen ante nuestros ojos, sin embargo con un poco de imaginación y voluntad de todos nosotros devolveríamos la importancia y funcionamiento que algún día tuvo ¡¡¡la Calle 5 de Mayo!!!