Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

La semana pasada, el señor Secretario de Educación Pública dio a conocer el Programa Escuela al Centro, el cual contiene seis puntos: l. Reducir la carga burocrática de los directivos escolares; 2. Destinar recursos directos a 75 mil escuelas; 3. Fortalecimiento de los Consejos Técnicos Escolares; 4. Fortalecimiento de los Consejos de Participación Social; 5. Cada escuela definirá el calendario escolar; 6.Establecer las escuelas de verano.
De todos estos puntos, el más difundido (no el más analizado, ni el más discutido) es el del calendario escolar. ¿Por qué es el que más llama la atención? Porque se dice (fuera de lo acostumbrado) que cada escuela, por “su autonomía”, tendrá facultad de escoger entre laborar con un calendario de 185 días o seguir con el de 200 días. Sin embargo, los datos que el señor Secretario menciona en su discurso son insuficientes como para tener claridad sobre su propuesta integral. Según lo declarado, la condición para elegir el calendario de 185 días es a cambio de laborar 800 horas anuales; pero resulta que esta propuesta tan sólo aplica en preescolar, en virtud de que este nivel está trabajando únicamente 600 horas anuales con el actual calendario de 200 días (3 horas diarias, de 9 a 12 horas), aun cuando se están pagando mil horas por ciclo escolar con el fin de atender 5 horas diarias a los grupos. Si para el próximo año un jardín de niños opta por el calendario de 185 días, las 800 horas se pueden cubrir laborando 4 horas con 30 minutos por día, de 9:00 a l3:30 horas o de 8:30 a l3:00 horas. Pero como la idea, además, es asignar maestros de inglés, artísticas y educación física en este nivel; entonces, éstos docentes serían los que cubrirían, gran parte, de la hora y media adicional, y las educadoras seguirían laborando las mismas tres horas diarias, y con la anuencia de seguir cobrando como si trabajaran cinco horas al día. En tal virtud, no se entiende por qué pedir a los legisladores federales que aprueben una ley para que en preescolar se laboren 800 horas anuales, cuando Hacienda, a través de la Secretaría de Educación Pública (SEP) está pagando mil horas anuales, aparte de otras prestaciones. O, ¿cuál es la real intención?
En cambio, para las escuelas primarias y secundarias no hay propuestas concretas en cuanto horas anuales; pues las escuelas primarias están laborando (actualmente) mil horas por ciclo escolar (5 horas diarias, de 8 a l3 horas t.m.) y las secundarias mil 400 horas anuales (7 horas diarias, de 7 a 14 horas t.m., con módulos de 50 minutos cada clase), que son las horas que se están pagando. Si la idea fuera que estas escuelas también laboraran 800 horas al año; entonces las primarias y las secundarias tan sólo trabajarían 4 horas y media diarias en 185 días; y, evidentemente, esta no es la intención de la SEP en estos niveles, pues sería una auténtica debacle para el sistema educativo. ¿Cuál es, entonces, la propuesta en horas para que las escuelas primarias y secundarias puedan elegir el calendario de 185 días?, ¿aumentar una o dos horas diarias en cada nivel? Nadie, ante el orden económico imperante, cree que la SEP esté en condiciones, ni dispuesta a sufragar miles de millones de pesos que se requerirían para aumentar horas laborales en primaria y secundaria, como tampoco sería proclive pagar alimentos de los alumnos por quedarse en las escuelas hasta las tres, cuatro o cinco de la tarde; y sin olvidar, que el incremento de horas, en estos niveles, implica acabar con los turnos vespertinos; lo que, a su vez, urgiría construir, y de ya, más escuelas matutinas para absorber toda la demanda; entre otras cuestiones.
En conclusión: sólo en preescolar puede optarse laborar 800 horas en l85 días (y aún quedarían horas anuales por justificarse). En primaria y secundaria no se pueden elegir las 800 horas anuales por ser improcedentes y también es impensable el incremento de horas (salvo que se disponga de cuantiosos recursos), por lo que las escuelas de horario ampliado serán las que cubrirán este Programa en las mismas condiciones que laboran actualmente. Pero, por “autonomía”, todas las escuelas primarias y secundarias pueden elegir el calendario de 185 días, laborando las mismas horas de hoy en día y disminuyendo horas anuales. Entonces, ¿para qué tantos saltos para caer en el mismo lugar o en decremento del servicio?
El Secretario de Educación señala que el calendario escolar de 200 días apenas se cumple en un 60 % y que, en gran medida, por eso el servicio educativo es de poca calidad. Y para acabar con estos problemas plantea que la comunidad de cada escuela determine laborar bien 185 días o seguir igual con el calendario de 200 días. Sea dicho con todo respeto, si el problema está en que no se cumple el calendario escolar a cabalidad, entonces la raíz del problema no está en el calendario escolar, sino en el factor humano, en aquellos actores de la educación que evaden cumplir con sus respectivas responsabilidades. De manera que, por congruencia y lógica, a quienes se debe corregir es a los que simulan cumplir con sus tareas y obstaculizan la adecuada operación del sistema educativo (cuyos actores tienen nombre y apellidos). De no ser así, se puede tener un calendario flexible de 100, de 200, de 300 días y las cosas seguirán igual. Se requiere, pues, congruencia en la solución de problemas.