Josemaría León Lara

Existe una tradición en los Estados Unidos cuando un presidente deja la Casa Blanca al terminar su mandato; a pesar de la valoración general que se le haya dado a su trabajo como primer mandatario, la figura presidencial es de cierto modo inmortalizada y respetada como un ícono de su historia. Es el caso que cada ex presidente de la Unión Americana suele abrir un museo-biblioteca para conmemorar su paso por la presidencia, algo que Vicente Fox intentó similar con lo que se conoce como el “Centro Fox”.

En México hemos estado acostumbrados a que nuestros presidentes al acabar su paso por Los Pinos, ponían tierra de por medio y optaban por el exilio, una situación vista con normalidad por la inmensa mayoría de los mexicanos. Los ex presidentes mexicanos en rara ocasión hacen apariciones públicas, sus declaraciones ante los medios de comunicación suelen ser muy discretas y en general sus vidas privadas permanecen en ese estado.

Es por esta situación, que resulta de amplio interés que desde el inicio del periodo electoral, pero más desde el fin de semana pasado, las apariciones públicas y el proselitismo activo a favor de los candidatos de Acción Nacional de Don Felipe Calderón. Las hipótesis son muchas, y aún no hay ninguna teoría en concreto, puesto que una figura con su envestidura, como se diría coloquialmente “no da paso sin huarache”.

Es bien sabido que el PAN a nivel nacional no ha estado pasando por un buen momento últimamente, sobre todo por los desaires internos sufridos desde las elecciones presidenciales del dos mil doce al quedar en tercer lugar y perder el gobierno federal después de sostenerlo por doce años.

La historia es sabia, y probablemente el regreso del PRI a Palacio Nacional quedó escrito seis años antes, el primero de diciembre de dos mil seis. El PRD desde días antes había decidido tomar la tribuna del Palacio Legislativo de San Lázaro para impedir que se llevara a cabo la sesión solemne del Congreso General para que así Felipe Calderón rindiera protesta como Presidente de la República.

Esto probablemente no hubiera sido posible sin la ayuda del PRI; la Constitución así lo manda, debe estar presente tanto el Senado como la Cámara de Diputados, y el mensaje del Revolucionario Institucional fue claro, acudieron puntuales a la sesión, portando todos una bandera de México y su uniforme partidista, corbata o chalina roja y al grito de ¡México, México!, cumplieron con el quórum constitucional para que pudiera llevarse a cabo la sesión.

Seis años más tarde el PRI regresó al poder, sin mencionar que la candidatura de Doña Josefina fue un rotundo fracaso para el blanquiazul, provocando una ruptura interna en el partido, que tres años más tarde se está tratando de sanar a través de la reaparición de los grandes líderes morales del partido como es el caso del Jefe Diego por ejemplo.

Respecto a Calderón, se mencionan tres aspectos importantes en estas elecciones intermedias. El primero de ellas fue su aparición el pasado fin de semana en San Luis Potosí, dónde acudió personalmente a un acto de campaña con la abanderada del PAN por la candidatura de ese Estado, Sonia Mendoza; el segundo tuvo lugar el pasado lunes en el Estado de Nuevo León, con el candidato panista al gobierno de esa entidad Felipe de Jesús Cantú, en donde comparó al candidato ciudadano Jaime Rodríguez “El Bronco” con el fallecido dictador venezolano Hugo Chávez; y tercero no dejando de lado a su hermana Luisa María “Cocoa” candidata a la gubernatura de su Estado natal Michoacán.

El regreso de Calderón no es un caso aislado, cada vez se habla más que su compañera de vida Margarita Zavala está aspirando a la Presidencia Nacional del partido, ¿Será acaso que Calderón está utilizando su capital político para posicionar su esposa?

Agradezco sus comentarios de la presente columna al correo: jleonlaradiaztorre@gmail.com

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