Paloma Villanueva
Agencia Reforma

Le lees el cuento de los frijoles mágicos, lo arropas, le das el beso de las buenas noches y cuando por fin logras meterte a la cama después de un largo día de trabajo, tu pequeño, lloroso, pide que lo dejes dormir contigo.
Ante todo sé paciente y no dejes que esas lágrimas te convenzan.
Prepararse para ir a la cama, relajarse y poder dormir en un cuarto propio es un proceso de aprendizaje que lleva tiempo y que exige buenos hábitos, mucha paciencia por parte de los papás y hasta batallas contra los monstruos imaginarios.
Los bebés deben dormir en su propio espacio desde que llegan a casa, aunque el bambineto o la cuna en principio esté en el cuarto de los papás, recomienda Antonio Rizzoli, jefe de la Unidad de Investigación en Neurodesarrollo del Hospital Infantil de México.
“Idealmente, los bebés nunca deben dormir en la cama de los papás porque, para empezar, los podemos aplastar e incluso asfixiar, es peligroso.
“Además es importante que el pequeño sepa que sus papás están ahí pero que no necesite sentirlos físicamente para poder dormirse”, señala.
Para que un niño pueda dormir solo en su propio cuarto es necesario que consolide un proceso del desarrollo infantil denominado constancia objetal.
“Cuando juegas ‘dónde está el bebé’ con un niño de entre 9 y 12 meses, para el niño literalmente desapareces cuando te tapas la cara y cuando te descubres reapareces. En ese momento del desarrollo, el niño piensa que sólo si lo ve, existe.
“La constancia objetal es cuando el niño entiende que el hecho de que papá lo deje en la cuna y se vaya, no quiere decir que papá ya no existe, sino que está en otro lugar”, explica el neurólogo pediatra.
Por eso Rizzoli considera que el momento indicado para llevar la cuna al cuarto del pequeño es cuando tiene alrededor de un año, aunque muchas veces son los papás quienes no quieren que duerma en su propia habitación porque se sienten inseguros.
Para asegurarse de que lo van a escuchar si llora o que se van a dar cuenta de cualquier movimiento, se puede utilizar un radio monitor para bebé o incluso una cámara que se conecta al teléfono vía Bluetooth para observar al pequeño en la pantalla del celular.
“En esta etapa lo que debemos hacer es arrullar al niño, cantarle, hablarle despacio y una vez que se quede dormido llevarlo a su cuna.
“Los papás deben saber que uno de los primeros sentidos que se desarrollan es el olfato, entonces se puede meter a la cuna la cobija con la que papá lo estaba cargando e incluso una prenda que trajera puesta para que ese olor de papá se quede en la cuna, eso ayuda a los niños a sentirse protegidos y tranquilos”, aconseja.
También se puede meter a la cuna un peluche o una mantita que le guste al niño para que funja como objeto transicional, es decir, que refuerce la idea de que “mamá y papá están aquí aunque no los vea”.

Crea una rutina
Cuando el niño ya tiene entre 2 y 3 años, establecer una rutina y procurar que se duerma siempre a la misma hora es primordial para lograr que adquiera buenos hábitos de sueño desde temprana edad, subraya Reyes Haro, director de la Clínica de Trastornos del Sueño de la UNAM.
“Es muy importante que el niño tenga una rutina para dormir, de hecho todos debemos tenerla, por ejemplo, la rutina puede empezar con el baño, después un masajito con crema para lubricar la piel, ponerse la pijama y meterse a la cama para escuchar un cuento”, aconseja.
También es importante tener en mente que las bebidas azucaradas, como la leche con chocolate, son combustible para el cerebro y estimulan a los niños impidiéndoles dormir, por lo que deben evitarse.
Los pequeños deben ir a la cama a temprana hora porque entre los 2 y 3 años de edad necesitan entre 10 y 12 horas de sueño, destaca el especialista.
“El niño libera la hormona del crecimiento mientras duerme y si se desvela o se interrumpe su sueño, se va a ver afectado su desarrollo físico y mental, no de manera muy significativa pero sí afecta;
“Además, un niño que duerme menos del tiempo que requiere está malhumorado, puede tener problemas de conducta y afectaciones al desarrollo cognitivo”, advierte.

¿Me puedo dormir contigo?
Dormir en una habitación independiente puede provocar inseguridad, ansiedad y miedo a los pequeños, por eso es tan importante acompañarlos en el proceso que deben vivir para poder relajarse y dormir en su propia cama, explica Luz María Peniche, psicoanalista con experiencia en niños.
Dejar que el niño llore hasta que se canse y se quede dormido no es una buena idea para la terapeuta.
“Los niños eventualmente podrán dormirse solos pero esa es una meta a largo plazo, mientras no puedan hacerlo hay que darles las herramientas emocionales y el acompañamiento para que logren interiorizar sus propias formas de calmarse y arrullarse.
“Si tú lo dejas llorar, experimenta un estrés muy fuerte y aunque sí va a llegar un momento en que se va a cansar y se va a quedar dormido, lo que está aprendiendo es que a nadie le importa, por eso nadie viene a ayudarlo. Eso se traduce en ansiedades y angustias no resueltas, por eso no es sano”, destaca.
Pero si tu hijo se levanta llorando a la media noche y pide dormir contigo, el consejo de la especialista es llevarlo de regreso a su cuarto, acompañarlo un rato, tal vez contarle un cuento corto y dejarlo en su cama una vez que se haya calmado.
“Si los dejamos dormir con nosotros el proceso de aprendizaje se va retrasando y además también los papás tienen derecho a tener su intimidad y su espacio.
“Hay que tratar, en la medida de lo posible, de siempre llevarlo a su cama, pero también hay veces que los papás están cansadísimos porque llevan varias noches sin dormir y acceden a que el niño se duerma con ellos; esto tampoco es tan grave si pasa de vez en cuando, pero la tendencia debe ser que el niño duerma en su cama”, aconseja.
Estas concesiones no son recomendables después de los 3 años de edad porque el niño estaría perdiendo la oportunidad de enfrentar sus inseguridades y miedos, concebirse como un individuo independiente a sus padres y confiar en sí mismo.

El monstruo del clóset
Una de las razones por las que los niños piden dormir en la cama de los papás es porque tienen miedo.
El primer consejo en referencia a los miedos es no provocarlos, ya que muchas veces son los propios padres los culpables de que los niños sientan miedo.
“Frases que usamos de forma casual como: ‘Si no te portas bien te va a llevar el coco’ contribuyen a crear monstruos imaginarios o, peor aún, si decimos cosas como: ‘Si no me obedeces ya no te voy a querer y me voy a ir’, eso impacta mucho a los niños, les provoca miedo de perder a sus papás y por eso se niegan a separarse de ellos”, explica Rizzoli.
Por otro lado, los temores irracionales, como el miedo a la oscuridad o a la criatura que vive debajo de la cama, son normales en los niños y pueden combatirse utilizando interruptores para graduar la luz y dejar una iluminación tenue en la habitación o tomando al niño de la mano y mostrándole que no hay nada debajo de su cama, por ejemplo.
De acuerdo con Peniche, los pequeños también pueden tener terrores nocturnos, que es cuando se despiertan llorando pero no se acuerdan qué estaban soñando; o pesadillas, que son normales entre los 3 y 5 años y están relacionados con la maduración del cerebro.
“Lo que hay que hacer es ayudarles a procesar sus miedos, darles técnicas para que puedan lidiar con sus monstruos.
“Si es una niña que tiene pesadillas con una bruja que viene a comerla, lo que puedes hacer es dejar en el buró un spray antibrujas, recurrir a la fantasía para inventar una técnica que le ayude a calmarse, también puede ser un muñeco de peluche que es mágico y tiene poderes contra los monstruos de las pesadillas. Hay que recurrir a la creatividad, pero también hay que acompañarlo todo el tiempo”, recomienda.
Los libros de cuentos infantiles son grandes aliados para ayudar a los pequeños a lidiar con sus miedos y ansiedades y, de paso, lograr que se queden dormidos, señala la especialista.

Ritual nocturno
Para dormir, dormir y dormir, los expertos aconsejan:
-Establece un horario para ir a la cama y respétalo todos los días, incluyendo el fin de semana.
-Lleva a cabo una rutina cada noche.
-Deja que el pequeño elija la pijama con la que quiere dormir, sólo asegúrate de que sea adecuada para el lugar y la época del año.
-Evita acostumbrarlo a las palmaditas o a la mecedora porque después no podrá dormirse sin ese estímulo.
-Los cuentos son grandes aliados pero deben ser cortos porque si la historia no llega al final, la curiosidad podría impedir que el pequeño se duerma.
-Las bebidas azucaradas como los refrescos y jugos no son recomendables para los niños y menos en la noche porque les provocan hiperactividad. Lo mismo que los dulces.
-La nicotina tiene un efecto estimulante en los niños y les impide dormir, evita exponerlos al humo de cigarro.
-Los niños menores de 3 años no deben exponerse a los dispositivos electrónicos ni a la televisión; menos en la noche antes de dormir.

Libros para soñar
-El conejito que quiere dormirse (Alfaguara) El libro contiene un método con técnicas psicológicas que ayudan a que los niños se queden dormidos antes de que termine el cuento.
-Cuentos con beso para las buenas noches 1 y 2 (Alfaguara) Audiocuentos con las historias de la bruja a la que todo le da asco, del genio desordenado, del monstruo que dejó de espantar a los niños y otros que mamá o papá deberán terminar con un sonoro beso.
-La oscuridad (Océano Travesía) Laszlo le teme a la oscuridad que vive en el sótano de su casa. Una noche, cuando se funde el foco especial que usa por las noches, la oscuridad lo visita en su cuarto.
-Canción de cuna para una ovejita (Océano Travesía)
Un hermoso poema para leer a los más pequeños de la casa, con el ritmo tranquilo de una canción de cuna que llevará al pequeño a un sueño tranquilo
-Buenas noches mamá (Océano Travesía).Theo es un niño que no se quiere dormir porque su habitación está llena de monstruos y cuando logra dormirse se despierta muy temprano porque ¡hay muchas cosas que quiere ver!
-¡Fuera de aquí, horrible monstruo verde! (Océano Travesía). Una criatura con afilados colmillos y una nariz larga y azul ayuda a los más pequeños a reconocer su capacidad para controlar sus miedos.