Bueno, Malo y Feo del Perdón

Por: Itzel Vargas Rodríguez

Cuando un político deja a un lado la postura más propicia para mantenerse y comunicarse como tal, llámese elocuencia al hablar o hasta rigidez en su discurso, incluso esa forma tan amable y airosamente educada con la que suele dirigirse la clase política en los altos mandos, y en su lugar, hace denotar muestras como el llanto, la tristeza o incluso pedir perdón, ocurre entonces un suceso poco común que es difícil de pasar desapercibido, la postura de debilidad, porque muestra una parte humana en la que no hay más que el quebranto ante la circunstancias, lugar que por ello nos vuelve perceptivamente, aunque sea sólo por momento, frágiles… por ello y con mucha congruencia, es un lugar al que la mayoría de los políticos huyen o evitar mostrar.
La reciente disculpa pública del Presidente de la República en la presentación del Sistema Nacional Anticorrupción ha sido ampliamente discutido y sobre todo, criticado por diferentes entes en diferentes medios, tomando protagonismo por ejemplo, las redes sociales.
Más allá de si fue un acto que llegó a la ciudadanía, sería bueno preguntarnos, ¿era necesario?
Podremos deducir una respuesta analizando primero lo bueno, lo malo y lo feo de este acto en específico.
Lo bueno: que ante tanta problemática social en la que vive actualmente México, el Presidente dio una muestra de humanismo al aceptar un error. Si bien hizo hincapié en que se mantuvo en todo momento conforme a la Ley y su disculpa fue más dirigida hacia la percepción pública que fue muy mala sobre la famosa Casa Blanca, también menciona en su discurso que justo la clase política también es responsable sobre la percepción que causan entre los ciudadanos. Vaya dirigido hacia donde se quiera, el mensaje comunica lo mismo y eso es lo positivo: es una muestra de perdón.
Lo malo: que el perdón surgió demasiado tarde. Que parte de la estrategia de mantener una buena percepción pública es estar midiendo los ánimos ciudadanos justo con las problemáticas que surgen, no estar esperando a ver cómo mengua la situación y si a la población se le olvidan los hechos. Un perdón era necesario sí, pero desde el momento en que un escándalo de esa naturaleza salía a la luz pública y las explicaciones no satisfacían el ánimo popular. La explicación pudo haber sido la misma, que el gobierno también se responsabiliza por la percepción que causa, porque en situaciones de crisis en gobierno, un elemento esencial a tomar en cuenta es el timing, es decir, la temporalidad de los hechos. Cuando salió el escándalo, la estrategia comunicativa y discursiva del Presidente, debió encausarse en solucionar ese problema de percepción.
Lo feo: que en realidad este perdón no va a significar nada ante la percepción pública, justo porque es muy tarde y también, por el enojo hacia el actual gobierno y la situación del país.
Así que bueno, comunicacionalmente la acción sí era algo que tenía que hacerse en algún punto, porque la presentación de un Sistema Nacional Anticorrupción remitía inmediatamente a cuestionar qué está pasando dentro del mismo Gobierno que lo promueve, y esta es una forma de anteceder o mostrar, un acto de buena fe para que este Sistema no se viera ensuciado desde un inicio. Sin embargo, el mayor pecado ha sido la omisión del timing.
Aún si este Gobierno Federal no pretendía decir ya más nada por la Casa Blanca, las circunstancias, el trabajo ciudadano y hasta los resultados electorales de los pasados comicios, han hecho tomar medidas drásticas hasta en sus discursos. Una disculpa pública no era un tema prioritario ni siquiera a visibilizarse en el momento en que salió el escándalo, cuando sí era menester entonces. Y ahora fue el camino para continuar con la presentación de un eje de Gobierno. Sin la disculpa, no se hubiera podido presentar un Sistema Nacional Anticorrupción. Así de sencillo y así de complejo a la vez.
itzelvargasrdz@gmail.com / @itzelvargasrdz