Por J. Jesús López García

103. Bosque UrbanoEl tema de los grandes jardines es antiguo, desde los colgantes de Babilonia construidos -nótese la palabra relativa a la edificación y no al sembrado- en el siglo VI a.C. a las órdenes de Nabucodonosor II, hasta el Central Park de Manhattan en Nueva York, concepción y proyecto de Frederick Law Olmsted buscando en principio emular los modelos de Hyde Park en Londres y del Bois de Boulogne en París, la idea fue en cada uno de los proyectos, recuperar para el medio urbano una porción de naturaleza, un sitio que sea útil como punto de respiración a la ciudad o a modo de lugar que sustrae de la cotidianeidad y su dinámica acelerada.

Jardines y parques públicos son una idea que los griegos expresaban como la vuelta a una Arcadia perdida, sitio mítico de inocencia primitiva. No es casual que la poesía bucólica alusiva a la vivencia con el campo haya tenido tan buena fortuna. El paraíso extraviado regresó en pedazos de terreno para adquirir de nuevo representación en nuestro urbanizado mundo contemporáneo donde por primera vez en la historia de la humanidad, más gente vive en ciudades que en el medio rural.

Los vergeles y arboledas tienen muchas variantes; de los que se mencionaron, los primeros fueron pensados para disfrute exclusivo del rey babilonio, y el segundo para las élites económicas y sociales neoyorquinas. A medida que la democratización de los grupos en el mundo -al menos en teoría-, la accesibilidad a éstos lugares se vuelve universal y se abre literalmente a la ciudad y a toda la población. Distinto de lo anterior, tenemos cómo los grandes jardines de Versalles que André Le Nôtre proyectó para Luis XIV en el siglo XVII estaban cerrados para el vulgo francés que no los conoció hasta finales del siglo XVIII.

Las disyuntivas inician con la accesibilidad a estos lugares, con base en los usuarios a los que se les destinan; algunos, como ejemplo los jardines botánicos, responden a propiciar conocimiento, en tanto otros sólo se centran en las posibilidades del esparcimiento. Los hay temáticos, infantiles, y a medida que la población muestra sus intereses de manera más segmentada, las variantes presentan más diversidad.

En Aguascalientes primigeniamente hubo plazas, grandes solares sin arbolado o vegetación; en el siglo XIX les sucedieron jardines constituidos en esas mismas parcelas; surgieron paseos como la Alameda, con el propósito de abrigarse contra los rayos solares bajo las sombras de los árboles, acompañando a los habitantes en el tránsito de un sitio de interés a otro –desde la estación del tren hasta los baños de Ojocaliente y de Los Arquitos-.

Más lo anterior apenas supera la centuria en una ciudad de más de cuatrocientos años. Contrariamente en el siglo XX apreciamos en nuestra ciudad diferentes modalidades de jardines y parques. En principio abiertos como el de San Marcos, que si bien está cercado por su balaustrada, mantiene la apertura total al público en horarios determinados; o el de la Estación –cercado recientemente- en donde es posible dar un paseo y sentarse a conversar bajo la fronda de los árboles, así como el Parque Hidalgo, hermético para el control del acceso a las amenidades que contiene y donde los árboles son el acompañamiento, no tanto el foco de interés.

Lo anterior es muestra de distintas maneras de concebir los espacios de los jardines y parques que son cada vez más demandados por la población que se aglutina progresivamente en habitáculos reducidos bordeados por una red urbana que atiende más a lo mínimo que a lo óptimo.

Actualmente los habitantes por efecto de las maneras contemporáneas de asociación de los individuos, se configura en segmentos con intereses distintos, sean de edad, de actividad o simplemente de origen mercadológico. Por tanto, el equipamiento de los jardines y los parques públicos, que hasta el final de siglo XX se había venido proyectando poco a poco, ha aumentado la oferta de sus servicios lo que acrecienta con ello las posibilidades de ocupación del espacio público.

Al oriente de la ciudad, la Línea Verde posee de manera alternada secciones culturales y deportivas ocupando grandes extensiones, que al ser la restricción del poliducto de Petróleos Mexicanos, lucía como un desolado baldío, provocando que la gente se apropie de ese espacio estéril y se muestre vivo.

Recientemente se inauguró un Bosque Urbano en la manzana circundada por la Avenida López Mateos poniente, Avenida Veracruz y las calles Versalles y 26 de Marzo, localizado en el Fraccionamiento Del Valle, en un predio que mostraba abandono físico de años, en donde hoy se aprecia cómo los vecinos se han apropiado gradualmente del lugar, que por otra parte goza de un diseño arquitectónico acorde con el espíritu de la época actual.

Siguiendo esos modelos vienen mejoras y propuestas actuales en la Alameda y en el Canal Interceptor. Pabellones culturales, gimnasios al aire libre, canchas, bancas, juegos infantiles, facilidades para acceder a internet, todo se aglutina en sitios donde anteriormente se atendía al sosiego comunitario. Ahora la agitación contemporánea se vierte en el jardín, parque o bosque urbano para hacer eco de una sociedad plural cada vez más activa en la ocupación de su ciudad. Sin duda alguna el Bosque Urbano responde a la manera de ser y de pensar de los aguascalentenses de hoy, ¡¡¡los habitantes del Siglo XXI!!!