CDMX.- Habrá quien ponga en duda que Guns N’ Roses aún le hace justicia a aquel mote de “La Banda Más Peligrosa del Mundo”.
Pero el proyecto fundado por Axl Rose hace 31 años, sigue siendo una maquinaria con “apetito de destrucción”.
O al menos así lo pareció anoche, en el regreso de la agrupación angelina a la Ciudad de México con su «Not in This Lifetime Tour», ahora en el Palacio de los Deportes, tras sus shows en abril en el Foro Sol.
A inicios de año, el morbo era ver de nuevo a Slash sacar fuego a su guitarra al lado del bajista Duff McKagan y Rose, porque los tres no compartían un escenario desde el 93 con la gira «Use Your Illusion». También lo fue ver al cantante, con sobrepeso, cantar desde un “trono” prestado por Dave Grohl de Foo Fighter, por un pie roto.
Esta ocasión, ante 18 mil 126 espectadores, las miradas iniciales, cuando Guns apareció en el entarimado a las 21:30 horas, querían ver otro Axl. Y así fue.
Más esbelto, a sus 54 años, revoloteó como en sus mejores épocas y demostró que, con su enorme rango vocal, aún puede provocar envidias.
El primer escopetazo fue “It’s so easy”. La cerveza voló por los aires y Rose levantó el dedo medio a los asistentes.
El público fue casi un juguete en las manos de Rose y Slash, quien prendió en “Mr Brownstone” y “Chinese Democracy”.
“¡Ciudad de México, quiero oírlos esta noche!”, aulló Axl en “Welcome to the Jungle”.
Hubo oficinistas con corbatas debajo de camisetas de la banda compradas de último minuto. Sombreros de copa contra paliacates. Padres cincuentones que rockearon y capturaron en sus retinas lo que sus retoños con sus teléfonos.
Prácticamente todos sonrieron extasiados como si estuvieran en esa “Paradise City” de la canción que inventaron sus ídolos.
Hasta el cierre de esta edición, no todo fueron rosas: algunos disparos musicales fueron víctimas de la mala acústica del lugar y ciertas melodías sonaron desafinadas. (Mario Abner Colina/Agencia Reforma)