Por: Jesús Alejandro Aizpuru Zacarías

Debajo del rostro de Ernesto Che Guevara, Jorge Bergoglio, el Papa humilde encabezó una misa y logró reunir en la Plaza de la Revolución a miles de personas.

Una gran expectación generaba esta visita, ¿hablará de los derechos humanos?, ¿de la libertad?, ¿será la voz de los disidentes?. Los disidentes y las damas de blanco fueron detenidos, de nueva cuenta el régimen Castrista hacía uso de la fuerza para callar las voces de aquellos que critican su dictadura.

El Papa del pueblo, el Papa humilde, el humanitario no mencionó a los disidentes, a los críticos del sistema, a los opositores de un régimen caduco que por décadas ha violado los derechos humanos. Muchos pensábamos que el discurso de un Papa que se ha vendido como el portavoz de los pobres, de los marginados, sería muy distinto, sin embargo, no fue así.

El Papa moderno y revolucionario que ha tocado temas como la homosexualidad, el divorcio y los abusos de menores, no fue capaz de tocar a la dictadura.

Es claro que los Castro imponen las condiciones en la isla, una de ellas seguramente fue el ignorar a la disidencia. El tránsito de los diferentes Jefes de Estado por la isla jamás ha sido caracterizado por la crítica del sistema, por el contrario, atienden a una agenda establecida por el régimen, tal vez algunos pensamos que Francisco, el reformador, sería la diferencia, ahora nos damos cuenta que no; manejó un discurso sumamente suave para la problemática que vive Cuba, simplemente fungió como el Jefe del Estado Vaticano cumpliendo con el protocolo establecido previamente por los Castro, y no como el actor político de relevancia que incide en los acontecimientos más importantes de nuestra época.

Es evidente que el Papa Francisco no fue a la isla a velar por los intereses de los pobres, de los marginados, mucho menos a defender a los disidentes, su propósito más que religioso fue político, pero no en el sentido que muchos esperábamos, su objetivo fue posicionar al Vaticano como el actor político internacional capaz de promover o frenar iniciativas buscando recuperar el terreno que durante décadas la iglesia católica ha perdido.

Lamento profundamente que la oportunidad para fungir como el actor de relevancia haya pasado con mucha pena y sin gloria, al parecer no es la voz de todos los marginados, solo de algunos. Olvidó llevar el mensaje de respeto a los derechos humanos, a un país que por más de cincuenta años ha sufrido innumerables violaciones.

Como es costumbre, agradezco el favor de su lectura y los espero una vez más, la próxima semana.