¡Begoña, trajo toros!

El mejor encierro de la Feria, de 7, seis eran de orejas

Por Alejandro Hernández R.
 Fotos: Enrique de Santiago S.

Y ya pasaron ocho corridas sin que las ganaderías lidiadas, lidiaran, primero, todos con edad y trapío, salvo la de Enrique Fraga, y después, esos bureles de pirante juventud, ayunos por completo de la bravura, de raza, y de calidad, acorde a la seriedad y categoría que se dice, tiene nuestra Plaza Monumental.
Pero cuando aquello había venido siendo catastrófico, ya se había tardado, de que por toriles salieran una corrida con un estupendo fondo de calidad y bravura, como ocurrió ayer en la novena corrida del Serial, pareciendo mejor si se anunciara como “El Serial Novilleril con matadores de toros”, nada mejor que los empresarios, ganaderos y por ayer, apoderados (Talavante y Joselito), primero pusieron el listón ganadero a buena altura, con la corrida de San Miguel de Mimiahuapam, con la presentación acorde a la plaza y su feria, y ahora, con el encierro de Begoña y Santa Teresa, que sin llegar a la exageración, sí respondió a las exigencias reglamentarias de sobra.
De siete toros lidiados, cinco con el hierro de Begoña (1º, 2º, 5º, 6º y el sobrero, así como 3ro y 4º de Santa Teresa), y salvo el quinto, los demás salieron con las orejas clavadas con alfileres, mientras el segundo casi se le desprendía el rabo.
Esta tarde, donde el público llenó la Monumental, abandonó el coso llevando en sus labios el sabor exquisito de la miel, cuando Alejandro Talavante cuajó una gran faena al segundo de la tarde, y de no haber pinchado, se lleva a Badajoz los máximos trofeos del toro, mientras el primer espada Arturo Macías, obtuvo una oreja, muy protestada del primero, en tanto Joselito Adame, se fue en blanco, a causa del mal uso de la espada.
Arturo Macías, el de mayor antigüedad de la terna, continuando con su costumbre, recibió de rodillas al primero de la tarde, intercalando chicuelinas, una muy ceñida al igual que la revolera de remate. Su inicio de faena, también fue de rodillas y con pases en redondo, intentando el toreo por bajo, resultando prendido sin mayores consecuencias. Continúo toreando sin mucha profundidad, siendo molestado por el aire, pero con buenos deseos, en una faena donde el público se manifestó en contra, frente a un toro que metió la cara humillando y desplazándose, de buen fondo de calidad y bravura, no pudiendo estar a su nivel. Fueron muchos los pases sin tomar el ritmo, más pronto buscó el toreo efectivito, revolucionado, dejando una entera trasera y tendida, parando el puntillero al estupendo toro, recibiendo una oreja, más bien triunfalista, en medio de ruidosa división de opiniones.
A su segundo lo saludó con varias largas en diferentes terrenos, para comenzar el tercer tercio, entre altibajos, con buen ánimo, a un toro que metió bien la cara, emotivo y desplazándose, además con fijeza. Los naturales sin estar a tono, resolviéndose por el toreo de rodillas, intentando levantar la emoción en los tendidos, por debajo de las buenas condiciones del toro, escuchándose gritos de toro toro, antes de entrar a matar. Dejó un espadazo trasero y con travesía. Salió al tercio por su cuenta, escuchando abucheos y pitos.
Obsequió un sobrero, de la misma procedencia, para lancearlo un tanto apurado, porque el toro con raza, se volvía pronto. La primera parte con la muleta, se vio muy entusiasmado, toreando con pases de trinchera y trincherillas, hasta situarse en los terrenos de los medios. Ligando al torear por bajo sobre ambas manos, recurriendo al torero de rodillas, para entusiasmar a las galeras, abusando el uso del pico con los naturales, cerrando su actuación con joselillinas, y de un pinchazo, dejó una entera trasera y desprendida. Escuchando un aviso. Palmas.
Alejandro Talavante, se vio desde los primeros capotazos su disposición y la aplicación de una tauromaquia muy propia, desde con el percal, hasta con el uso acertado de la muleta, con un toro, también de estupendo fondo, que rompió muy pronto, permitiendo a Talavante disfrutar y gozar de una faena de mucha inspiración, de abandono, de plasticidad y de entendimiento. Entusiasmando al respetable, con su toreo de reposo, de temple, de variedad, intercalando la arrucina ligada con la capetillina, en momentos claves, y más entregándose el público por completo al torero de Badajoz, en series de pases muy lentos, como deteniendo el tiempo, templados y mandones, en una faena estructurada y por desgracia falta de remate, porque falló con la espada. Pinchazo y espadazo delantero y desprendido, otorgando el juez dos orejas, que le condujeron a la salida por la puerta grande, en tanto al despojos del toro, se premiaron con vuelta al ruedo. Su segundo fue al final el lunar del encierro, que sin ser malo, fue a la muleta con claridad pero cero transmisión, faltándole un puntito de bravura. Dejó entera y tendida y escuchó palmas.
Joselito Adame, con otro toro muy bueno, le corrió ambas manos varias veces, pero viéndose un tanto venido a menos, dando la impresión o que algo no estaba bien en lo físico, o que al torear mucho en el campo, está muy vaqueado, haciendo todo con suma facilidad y puesto, pero sin esa emoción a que nos tiene acostumbrados, sin estar a la altura del toro o más bien sin darle la importancia a lo realizado, después de un achuchón donde salió con la ropa hecha girones, enrabietado se fue al toro, poniéndose muy cerca al pisar terrenos muy comprometidos, emocionando al respetable. Después de pasar al toro por la espalda, pegó una serie de manoletinas estando muy firme, pinchando para terminar dejando el acero caído y atravesado. Escuchó palmas. Con su segundo se hizo aplaudir en el primer tercio con un vistoso quite por Zapopinas calando fuerte en las alturas. Pisando a fondo el acelerador, valiente como él solo, de rodillas y tomado de la contera de la barrera, ligó 14 espeluznantes pases por alto, sin reponer el terreno y aguantando candela, poniendo aquello a gravitar, contando con la colaboración de un toro muy bueno, con mucha calidad y nobleza. Sus tandas iniciales las envolvió con su toreo sentido, pausado, de lento trazo, lánguidos y mandones, mientras sus derechazos fueron tersos y templados, ante el regocijo popular, llevando propiamente cosido a su muleta al toro. Un tanto de largo se perfiló a matar, pinchando lamentablemente en dos ocasiones, una faena que no lo merecía.
Cobrando después una estocada que mató al toro sin puntilla, dando la vuelta al ruedo, mientras al toro lo premiaron con arrastre lento.