Jesús Eduardo Martín Jáuregui

– ¿Traigo los ojos rojos? – – Pos traítelos mi buen –

Muy oportunamente la primera sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, resolvió un amparo presentado hace alrededor de 2 años, lo que de ninguna manera es un récord, programándolo antes que otros asuntos que quizás requerían mas estudio, mas preparación o que, finalmente, presentaban menos probabilidades de convertirse en “trend topic” como ahora se dice. Por supuesto que los lamentabilísimos acontecimientos de París por una parte sucedieron a mas de 10,000 kilómetros de distancia, por otra tenemos muchísimos menos elementos para debatir, y finalmente el desenlace parece mas o menos previsible: “Si la piedra da en el cántaro, malo para el cántaro, si el cántaro da en la piedra, malo el cántaro”. El cántaro es el sufrido pueblo sirio atrapado como dice Le Monde en el centro de tres conflictos: una guerra civil en que el presidente controla las principales ciudades y la franja que da al mediterráneo en tanto los disidentes controlan el resto que en buena parte es desierto pero que de alguna manera pueden impedir el flujo de petróleo al litoral; una continuación de la guerra fría en la que Rusia y China apoyan al Presidente en tanto EE.UU., Francia y algún otro proveen de armamento y dinero a los levantados con el pretexto de uso de armas químicas por los leales al Presidente y en el que los primeros (chinos y rusos) han frenado en el Consejo de Seguridad de la ONU las sanciones pedidas por los güeros; finalmente una guerra santa en la que los musulmanes se enfrentan al BAZ que pretendió agrupar a los pueblos árabes bajo una bandera laica y que sin embargo arrojó al menos dos grandes grupos los chíitas y los sunitas.

El amparo de marras, (así dicen con una expresión que suena horrible pero que por lo mismo me gusta usar) lo interpusieron cuatro personas considerando que las disposiciones legales que prohíben la siembra y transporte de mariguana resultaban violatorias de sus derechos fundamentales. Merece la pena dejar muy claro que el untársela, frotársela, aplicársela, inhalarla, fumarla o ingerirla, no es un hecho ilícito, lo que ya quedaba claro con los criterios anteriores de la Corte, en donde incluso había fijado, ya que el legislador no lo había hecho, las cantidades que una persona podía traer consigo para su uso personal. En otras palabras la novedad, si es que así se pudiera considerar, es que la Primera Sala estima aclarar algo que resultaba verdaderamente incongruente en su criterio.

Por un lado quedaba claro que el fumar la mariguana e incluso el usarla para fines medicinales v.gr. para calmar las reumas (calmarlas, que ya se sabe que las reumas y lo tarugo no se quitan con nada, y a las pruebas me remito) no constituían, no constituyen delito, pero sí el transportarla y el cultivarla y entonces ¿cómo demonios iba a conseguir mi dosis, si no la venden en el mercado, vamos, ni siquiera en los Oxxos?. La resolución de la Primera Sala simplemente señala con un mínimo de congruencia que si no es penado que una persona la fume, entonces tampoco deberá serlo el que la cultive para su consumo y que la transporte para el mismo efecto. El ministro Pardo Rebolledo que se reservó para hacer un voto particular estimó según se sabe que la resolución es insuficiente porque no prevé varios aspectos concomitantes: ¿Dónde conseguir la semilla? ¿Dónde cultivarla? ¿Dónde y cómo transportarla?, etc., etc.

En mi ya larga vida, he experimentado con tristeza cómo muchos amigos, compañeros y conocidos, han muerto como consecuencia del alcoholismo. He conocido muchos amigos, compañeros y conocidos que han acabado con su familia, con sus bienes, con su vida por la dependencia al alcohol. Mis amigos y conocidos que fuman mariguana desde nuestras mocedades, salvo uno que se cayó de una escalera que tenía un barrote flojo y otro que se resbaló y se dió un banquetazo (literal), han logrado sobrevivir a su adicción y mas o menos clandestinamente siguen disfrutando del uso “recretivo” de la “Juanita”. Por cierto durante algunos años, quizás dos, conviví en la casa de asistencia cuando estudiante en la ciudad de México, con tres hermanos simpatiquísimos, “Nete”, “Jano” y “Pepín” a quienes nos referíamos como los “Pepines”, me parece recordar que Nete era contador, Jano ingeniero y Pepín debe haber sido agrónomo con especialidad en mariguana, porque no hacía otra cosa que cuidar sus plantas que cultivaba amorosamente en macetas colocadas en las ventanas de su habitación (de los tres) que daba a un pequeño jardín lo que disimulaba su plantación.

Todas las noches, todas, al menos todas las que yo andaba por la casa, porque entre la estudiantina, el frontón, el teatro estudiantil y una que otra amistad, solía llegar tarde, se reunían en su habitación y convidaban algún otro huésped a la hornacina de mariguana. Recuerdo que un tema recurrente era el del Rey y los Negritos. Un Rey Europeo, quizás francés, que tenía tres pajes negros, tan negros que brillaban y a los que para acrecentar el brillo el mayordomo de palacio encremaba abundantemente. Por la noche el Rey llamaba a sus pajes negros y los cacheteaba hasta que los negritos lloraban, pero, he aquí que una noche el Rey se encontraba taciturno, llamó a sus pajes pero no estaba de humor para abofetearlos y los negritos lloraban porque el Rey no les había hecho caso. Estúpido, ¡seguramente!, racista ¡sin duda!, falto de gracia ¡por supuesto! pero ese cuento con variaciones era el leitmotiv de mis amigos “macizos”. Jamás discutieron, nunca terminaron llorando, nunca se enemistaron, no maldijeron a su suerte, ni quisieron ser el Rey del Cuento, (cfr. El Rey de José Alfredo Jiménez).

El Presidente de la República convocó a un gran debate nacional, (fumar mariguana es menos dañino que enfrentarse a un AK-47 o a las FAL del ejército) (debatir el consumo y adláteres de la mariguana es menos comprometedor para el estado que debatir la miseria, las devaluaciones incluyendo la devaluación de la medalla Belisario Domínguez, los dispendios, las casas de cualquier color, la tortura, las desapariciones forzadas y en general las violaciones de los derechos fundamentales). Qué importa que, al menos desde hace alrededor de un lustro que el ex-presidente Fox planteó la legalización de la cannabis, se haya batido y debatido el tema en el país, que en foros internacionales se hayan batido y debatido el tema por jefes de estado, que tengamos el ejemplo de muchos países que lo han hecho sin las catastróficas consecuencias que los prohibicionistas auguran.

En fin, debatamos, aunque como dice Julio Hernández López en su Astillero, el negocio seguirá con las drogas sintéticas, porque la “Juanita” ya está superada ¿será?

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