Por: José Carlos Romo Romo

Estimado lector, el próximo miércoles se celebrará, una vez más, el día de la bandera. Esta ceremonia cívica básicamente consiste en el abanderamiento de diversas instituciones y la incineración de la vieja bandera (porque las banderas mexicanas no se lavan o limpian, sino que cumplen con su función natural y se elevan a los cielos). Es una fecha importante, aunque no se suspendan clases ni labores. Desafortunadamente nos damos cuenta de que son pocas las personas que saben lo que se celebra en esta fecha.

Entendamos primero ¿qué es una bandera? Podemos dar, como una definición, que es un pedazo de tela que contiene determinados simbolismos. ¿Para qué sirve? Una bandera es básicamente un instrumento de identificación, con fines militares, como en el caso del lábaro romano, para distinguir a una Nación, o bien, puede llevar determinados significados implícitos, como la bandera negra de los piratas o la bandera blanca que significa rendición o paz. ¿Quién no conoce el significado de una banderola a cuadros blancos y negros que se ondea en las carreras de autos?

Para una Nación, la bandera debe ocupar un papel muy importante. La bandera es su símbolo, su identidad. En una acepción más amplia sobre el significado de la palabra bandera, puesto que podemos entender a ésta como una causa a seguir o defender, como cuando alguien dice “mis hijos son mi bandera”. ¿De dónde vienen las banderas? Podemos aventurarnos a decir que la primera bandera de la historia debió ser utilizada por alguna tribu primitiva, que, en tiempos de guerra, pretendió, con su uso, identificar y agrupar a sus elementos. Se han encontrado vestigios de antiguas banderas en Egipto, pero es en la antigua Roma donde la bandera adquiere su significado actual.

Se tiene registro de que la primera bandera nacional es la de Dinamarca, remontándose su origen al año de 1219. Su diseño sirvió de base para ulteriores banderas como la escocesa y, por supuesto, la inglesa. Existen banderas con rasgos comunes entre sí, como la mayoría de las banderas de las naciones africanas, que contienen los colores verde, amarillo y rojo, símbolo del panafricanismo, o las de Cuba, Puerto Rico y República Dominicana, que evocan a la de Estados Unidos. Tenemos algunas muy sui géneris como la del sol naciente de Japón, la aurora boreal de Groenlandia o la antigua bandera de Libia que era simplemente un rectángulo de tela verde.

En el caso de nuestro país, contamos con una muy hermosa bandera, producto de nuestra evolución histórica. Desde el estandarte de la Virgen de Guadalupe hasta nuestra bandera actual, se han dado suficientes acontecimientos históricos que han modificado el diseño de nuestro lábaro patrio. En nuestra bandera se encuentra plasmado el origen mismo de la mexicanidad, con la gran señal que divisaron los antiguos aztecas y destaca por ser diseñada en forma distinta a la tradición heráldica europea.

Nadie discute el significado del escudo. Sin embargo, respecto de los colores, al no existir una interpretación simbológica oficial al respecto, se han manejado diversas posturas. Sobre el verde, se dice que simboliza nuestros campos o que es reflejo de la esperanza. Sobre el blanco, hay quien asegura que representa a la religión y hay quien habla de la pureza de nuestra historia. Y sobre el rojo, una postura interpreta este color como representativo de la unión y otra como la sangre derramada por nuestros héroes.

Para finalizar, es conveniente precisar que el día de la bandera es el 24 de febrero porque en ese día (año 1984) entró en vigor la vigente Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno Nacionales, en cuyo artículo 10 dispone lo siguiente (reformado en 2007): “El 24 de febrero se establece solemnemente como Día de la Bandera. En este día se deberán transmitir programas especiales de radio y televisión destinados a difundir la historia y significación de la Bandera Nacional. En esta fecha, los poderes de los tres órdenes de gobierno realizarán jornadas cívicas en conmemoración, veneración y exaltación de la Bandera Nacional.”

La última y nos vamos: Desde mi perspectiva, la visita del Papa Francisco a México fue sumamente positiva. Más allá de analizar detalles puntuales de los mensajes del “Vicario de Cristo” en sus actividades públicas y su nivel de convocatoria entre los católicos de nuestro país, me parece que estos días pasados fueron de alivio y paz para nuestra Nación, momentos de reflexión y reconciliación para la gran mayoría de nosotros. El deseo será que el llamado del “Sumo Pontífice”, a la sociedad y al clero mexicano, sea bien entendido y atendido, en aras de vivir todos los días en un entorno de mayor hermandad, solidaridad, justicia y buena voluntad.

Como es costumbre, agradezco el favor de su lectura y atención. Lo espero, una vez más, el próximo sábado.

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