Carlos Reyes Sahagún

El pasado 20 de noviembre se presentó el libro Autonomía y gobierno. Una relación en claroscuro, escrito por la doctora Cecilia Pérez Talamantes y publicado por Universidad Autónoma de Aguascalientes, que estudia de manera exhaustiva las relaciones que han mantenido la UAA y el gobierno desde la fundación de nuestra máxima casa de estudios, en 1973, hasta el año 2000 cuando, con la elección como rector del pediatra Antonio Ávila Storer, se produjo “un rompimiento con el grupo fundador de la UAA, y el poder que había tenido al interior de la universidad”.

Dice en el prólogo Fernando Serrano Migallón que la autonomía “es la facultad y la responsabilidad de una universidad para gobernarse a sí misma; realizar sus fines de educar, investigar y difundir la cultura; la posibilidad de mantener el marco de respeto a la libertad de cátedra e investigación, de libre examen y discusión de las ideas; la libertad para determinar sus planes y programas de estudios; fijar los términos de ingreso, promoción o permanencia de su personal académico, y administrar su propio patrimonio”.

Con esta y otras ideas a cuestas se lanza la investigadora a desarrollar su tema. Particularmente interesante es el capítulo 6, que la autora titula “La elección-designación de rector, 1973-1999”. El hilo conductor de la reflexión es que “los nexos de conciliación o enfrentamiento entre los actores universitarios y políticos influyen en la designación de las autoridades universitarias”.

Para la elección de autoridades en la UAA se utiliza una mezcla de dos formas diversas. Por una parte está la conformación de ternas, a través de una elección en la que participan estudiantes y profesores, y por la otra la designación de autoridades por parte de la Junta de Gobierno, a partir de la conjunción de las opciones presentadas por maestros y estudiantes.

A propósito de los avatares que acompañan a estos procedimientos -aunque no forzosamente en el caso de la UAA-, dice la investigadora que “la injerencia de actores de la clase gobernante en la elección de rector se observa más fácilmente en el sistema de voto universal, ya que las campañas trascienden los ámbitos universitarios; sin embargo, los restantes modelos no escapan a la injerencia de los gobernantes en la elección-designación de los rectores.

El modelo de la UAA que une las modalidades habituales de voto universal directo con designación por una Junta de Gobierno, no ha podido evadir la crítica. Es una zona de tensiones y deliberaciones permanente que tiene altibajos y en ocasiones posibilidades de ser infiltrada o controlada”.

En fin… Que resultaría imposible desgranar cada aspecto valioso que contiene este trabajo de años de la doctora Cecilia Pérez Talamantes, y en todo caso estas líneas quieren ser una invitación a acercarse a este sugestivo volumen, que da cuenta de una dimensión por demás interesante de la historia de nuestra universidad. Evidentemente resultaría extemporáneo referirse ahora a un libro que se presentó en noviembre pasado, si no fuera porque en este día se reanudan en la UAA las actividades correspondientes al segundo semestre de este año 2016; un semestre excepcional, teniendo en cuenta que en los próximos meses se llevará a cabo el proceso de elección de nuevas autoridades, del consejo universitario a las jefaturas de departamento, pasando por la rectoría, las direcciones y los decanatos.

De hecho este proceso se inició ya con la renovación de la dirigencia de la ACIUAA, a fines de junio anterior que, y continuará durante las próximas semanas. Incluyo este hecho como el inicio del proceso de renovación de autoridades universitarias, en el supuesto de que tanto la ACIUUA como el STUAA constituyen entidades representativas al interior de la universidad, aunque para el caso no tengan voz ni voto, por lo menos formalmente.

Como digo, estoy suponiendo que el proceso de renovación de autoridades comenzó con la elección de la directiva de los maestros, aunque muy probablemente haya comenzado hace muchos meses, de manera informal y solapada; ya se sabe que ahora están de moda las precampañas… En el extremo del asunto, quizá fuera adecuado decir que en realidad este procedimiento no ha cesado en ningún momento, y sólo se intensifica en estos días. De seguro me equivoco con semejante afirmación, y también al aventurar que cada año, la elección de un nuevo miembro de la Junta de Gobierno; la promoción de candidatos a esta, se lleva a cabo teniendo en mente la designación de las autoridades universitarias. Por eso afirmo que quizá esta dinámica no cesa en ningún momento…

En fin. El hecho básico es que en las próximas semanas la universidad estará a debate. Andará de boca en boca y le saldrán pretendientes como si fuera quinceañera que recibe permiso para tener novio. Entre todos ellos, los verdaderos y los ficticios, habrá quien ostente las mejores intenciones hacia ella, la convicción de servirla y engrandecerla, pero quizá tampoco faltara alguno que pretenderá servirse de ella, utilizarla para fines no forzosamente académicos; ya se verá.

Entonces, no estaría demás que todos los enamorados de la universidad, nuevos y antiguos; todos aquellos que en estos meses pretenderán algo con ella y/o para ella y/o de ella, le echaran un ojito a este texto de la doctora Cecilia Pérez Talamantes, y se enteren de lo que está en juego cuando se eligen autoridades y se habla de autonomía universitaria; los trabajos que se han llevado a cabo para construir a la institución, y que la han conducido a lo largo de estos poco más de 40 años.

Los esfuerzos a que se refiere este buen libro, y que son debidamente relatados y explicados por la doctora Pérez, tendrían que llevar al lector a una conclusión obvia: que la universidad no debe; no puede ser botín de nadie, ni político ni económico.

La universidad, por lo menos la autónoma, es un patrimonio de los aguascalentenses, y todos estamos obligados a trabajar para que así siga siendo. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com)