Palabras pronunciadas en la Ceremonia de la Bata Blanca de la Escuela de Medicina de la Universidad Cuauhtémoc, Plantel Aguascalientes, el 30 de septiembre de 2015.

Luis Muñoz Fernández

Los hombres son hombres antes de ser abogados, médicos, comerciantes u obreros y si los haces sensibles y capaces, se harán ellos mismos abogados y médicos capaces y sensibles. Lo que los futuros profesionales deben llevarse consigo una vez que dejen la universidad, no es el conocimiento profesional, sino lo que debe guiar el uso de ese conocimiento para iluminar los tecnicismos con la luz de la cultura general.

 

John Stuart Mill. Conferencia inaugural como rector de la Universidad Saint Andrews, 1867.

 

“Aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo”, decía George Santayana, y en la historia de la medicina hay muchos episodios que tal vez sería mejor no repetir. Por eso no se puede entender dónde estamos hoy si no sabemos primero por dónde anduvimos, así que el estudio de la historia de nuestra profesión, no sólo las fechas y nombres, sino particularmente las ideas, se convierte en un elemento esencial de la formación de los futuros médicos.

Los símbolos son estructuras centrales de nuestra vida social, pues en su aparente simplicidad pueden comunicar una rica y compleja gama de ideas. De todos los símbolos propios de la profesión médica –el estetoscopio y el maletín, entre otros–, tal vez sea la bata blanca el que más nos identifica ante los ojos de los demás y de nosotros mismos como miembros de un gremio que se ha dedicado al cuidado de la salud y la vida de sus semejantes desde tiempos inmemoriales.

¿Cuál es el significado de la bata blanca que usan los médicos? Un grupo de estudiosos de la Universidad de Granada, España, nos dice lo siguiente:

Desde lo cultural, cuando se quiere imprimir a los demás una actitud de seriedad, autoridad y respeto, la gente suele ataviarse con ropa nueva, elegante y sobria para la ocasión y una vestimenta más informal cuando se dedican al ocio. Lo mismo sucede en la relación con el médico, la bata blanca imprime un respeto y seriedad en esta situación a la que comúnmente se podría llegar en un plano social. Lo que hace que el paciente confíe sus intimidades en materia de salud.

Tan entreverada está la bata blanca con la profesión médica que nos sorprende saber que su historia se remonta apenas a poco más de 100 años. Antes de esa época, los médicos solían llevar atuendos oscuros, ya que la ropa negra simboliza la seriedad de propósitos y acciones del médico e incluso la cercanía con la muerte propia del ejercicio cotidiano de la medicina.

En el caso concreto de los cirujanos, el saco oscuro, en el que el ejecutante se secaba las manos sucias durante la intervención quirúrgica, disimulaba un poco aquellas manchas de sangre y exudados purulentos que, por otro lado, le daban prestigio al cirujano, pues hablaban de su experiencia en las lides operatorias: costras sanguinolentas que condecoraban el pecho del héroe médico por excelencia.

Fue hacia finales del siglo XIX, con el descubrimiento del origen microbiano de las infecciones por Louis Pasteur y el desarrollo de la antisepsia a partir de los trabajos de Joseph Lister, cuando la cirugía empezó a preocuparse por la limpieza y aparecieron así las batas blancas entre los cirujanos y las enfermeras dentro del quirófano. En un principio fueron batas de manga corta que se sobreponían a la ropa de calle, aunque poco a poco sus mangas y su cuerpo se alargaron hasta cubrir buena parte de la anatomía. La bata se volvió así símbolo de limpieza, garantía de higiene y pulcritud. Poco después llegaron los guantes de látex, pero esa es otra historia.

Por extraño que nos parezca hoy, la medicina es una recién llegada a la ciencia. Por siglos fue una disciplina empírica cuyos conocimientos, la mayoría sin comprobación científica, habían sido heredados y aceptados por los médicos sin cuestionamiento alguno. Con el desarrollo de la investigación científica a partir del siglo XIX, se impuso en los laboratorios el uso de una bata que al principio tenía tonos oscuros. Al inicio, la ciencia despreció a la medicina por empírica y, poco a poco, ésta tuvo que acercarse a la ciencia para adquirir solidez y prestigio. Por eso, los médicos empezaron a usar las batas de los investigadores, aunque lo hicieron con el color blanco que ya los identificaba de tiempo atrás. Sería a partir del Informe Flexner en 1910 cuando la medicina se reestructuraría como un saber científico y los médicos se empezarían a ver como científicos de bata blanca.

Con la aparición de recursos diagnósticos y terapéuticos que exigían su aplicación en un ambiente especializado, se hizo cada vez más común atender a los pacientes ya no en su domicilio, sino en el hospital. Y este, de ser un lugar al que acudían los desamparados y desahuciados para morir, se convirtió en un establecimiento en donde los enfermos podían ser tratados y curados. Este paso de la muerte a la vida influyó en la vestimenta del personal sanitario, que adoptó también el blanco como sinónimo de curación y de vida. Hasta las monjas de los hospitales, que solían llevar hábitos negros, empezaron a usar uniformes blancos.

Además de lo ya mencionado, el blanco también significa la pureza como ingenuidad, sin malicia y sin daño intencional que caracterizan el quehacer del médico (la beneficencia y no maleficencia de la bioética). Y también cierta virginidad en el sentido sexual, pues al médico la sociedad le otorga licencias de intromisión corporal impensables para otros profesionales.

Por último, unas palabras más sobre la “Ceremonia de la Bata Blanca”, que tiene un origen mucho más reciente. Introducida en 1993 por el doctor Arnold P. Gold en la Escuela de Médicos y Cirujanos de la Universidad de Columbia en Nueva York, Estados Unidos de Norteamérica, se ha extendido a la mayoría de las escuelas de aquel país y también a otros lugares del mundo. En ella se le impone este importante símbolo de la profesión médica a aquellos que la abrazan por vez primera, con el deseo y la esperanza que, al verse así revestidos, sientan el peso de la tradición y la responsabilidad que entraña llevar puesta una bata blanca.

Aunque esta ceremonia puede variar de un lugar a otro, la bata que se coloca al estudiante de medicina suele ser corta, lo que no impide que use una bata convencional cuando trabaja en las prácticas de laboratorio o acude al hospital. Aunque en la actualidad las reglas del vestir son un tanto laxas, en otras épocas sólo el médico graduado podía usar una bata larga. En este sentido son llamativas las batas largas (por debajo de las rodillas) que usaban los maestros de medicina en algunos países europeos.

Volviendo a Abraham Flexner, quien siendo un educador visitó todas las escuelas de los Estados Unidos a principios del siglo XX, es fundamental que hoy recuperemos para los estudiantes de medicina aquello que él juzgó como una difícil tarea: engrandecer y elevar el horizonte del médico. E insistir en que el médico debe ser antes que nada, “un hombre educado”. Así nos los recuerda el cirujano y escritor Sherwin Nuland en su libro El arte incierto. Pensamientos de una vida en la medicina (The uncertain art. Thoughts on a life in medicine. Ramdom House, 2008):

Flexner quiso decir que aquellos que tratan al enfermo deben comprometerse con el cuidado integral del ser humano, no sólo de su enfermedad. El verdadero sanador debe tener un conocimiento amplio de la cultura en la que él y sus pacientes viven y una comprensión profunda de las muchas variantes de la condición humana.

 

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