Los dos México económicos convergen en estas fechas, uno el que representa la alta burocracia que recibe un ingreso mensual que sale de toda proporción para un país en graves problemas, y en el otro están millones de trabajadores con una paga de sobrevivencia.

El aumento a los salarios mínimos para 2016 será de 2 pesos con 94 centavos (4.2%), para quedar en 73.04 pesos, que naturalmente es una bofetada a la fuerza laboral ya que no le servirá ni para equilibrar los incrementos a precios y servicios que vendrán a partir de enero.

El viernes pasado se mencionó Con Usted que el alza salarial sería de 2.7%, dato que se filtró entre algunas organizaciones obreras y que se reprodujo en este espacio como un borrador que tendría sobre la mesa la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (CNSM), aunque a final de cuentas el 4.2%, en términos reales es la misma gata, puesto que la fracción porcentual es mínima. En un ajuste a lo comentado entonces, el incremento apenas alcanza para pagar la mitad de un viaje en autobús urbano y la cuarta parte de un kilogramo de tortillas.

En donde no hubo variación fue que la CNSM no esperaría a que pasara el 20 de diciembre para hacer el anuncio, puesto que lo hizo el mismo viernes 11 aprovechando la euforia que hay con el pago de aguinaldos y ahorros, por lo que es poca la atención que se presta a este aspecto.

Para el presidente de la CNSM, Basilio González Núñez, hay una “recuperación del poder adquisitivo”con el aumento de 4.2%, ufanándose que “es el más alto en las últimas siete administraciones federales”, alza que es aplicable también a los salarios mínimos profesionales.

Definido ese punto es de esperarse que los dirigentes sindicales y empresariales no salgan con su domingo siete, de verter lágrimas de cocodrilo por el raquítico agregado, en función que en la Comisión de Salarios Mínimos así lo acordaron la representación obrera, patronal y el gobierno.

De nada sirve que el secretario de Trabajo y Previsión Social, Alfonso Navarrete Prida, reconozca que en la actualidad la diferencia de quien gana más en sueldo al que menos recibe en México es de 27 a 1 en promedio, por lo que hay una desigualdad en cuanto a ingresos salariales. Durante una conferencia de prensa, tras asistir a la 73 Reunión Anual del Servicio Nacional del Empleo que tuvo lugar la semana pasada en el Distrito Federal, subrayó que a un gran número de mexicanos el sueldo no les alcanza para los mínimos de bienestar que señala el Consejo Nacional de Evaluación de Políticas de Desarrollo Social (Coneval).

“Este tema no tiene que ver con los actores inflacionarios, sino con canasta básica, empleo capacitado, formalización del trabajo y, en el fondo, con la educación de calidad, para que ésta permeé en la sociedad y en el crecimiento económico”. Como dato adicional se refirió a que el 75% del Producto Interno Bruto (PIB) lo producen 25% de los trabajadores, “así de desigual es el país en materia de ingresos”, apuntó.

Por si fuera poco, el titular de la dependencia sostuvo que “en este contexto tan desigual se encuentra la informalidad, el subempleo, el empleo precario, la explotación que tiene rostro de niño y ese tema es el que tenemos que atacar”, de igual manera resaltó que aún cuando la tasa de desempleo es baja en el país, es insuficiente, porque detrás de ésta “se esconde otra realidad, la de los mexicanos que ganan poco”, que son alrededor de 8.5 millones que trabajan menos de un jornal y reciben menos de un salario mínimo, o que trabajan más horas con sueldos bajos.

Aunque se quisiera matizar las condiciones en que se encuentra la familia obrera, la realidad está a la vista y que reconoce en toda su extensión el máximo responsable de la política obrera, pero no bastan las palabras y las consideraciones sino pugnar porque cambie el esquema que tiene más de 25 años de estar presente. Toda una generación de mexicanos nació y ha vivido entre la limitación económica, por lo que ya urge encontrar una solución para que los actuales niños y jóvenes tengan un futuro distinto.

EMPUJAN FIJACIÓN RURAL

“Ya no me acuerdo cuándo empieza la siembra”, respondió lacónico el hijo de un ejidatario en una institución bancaria donde prestaba sus servicios, lo que dejó en claro que no le agradaba hablar del tema, pero refleja la realidad que se niegan a reconocer los distintos órdenes de gobierno, que el desafecto a sus raíces no significa que se avergüencen de sus orígenes sino que no les resulta llamativo dedicarse a esta actividad.

Por lo anterior es interesante la propuesta que hizo el senador priísta Manuel Humberto Cota Jiménez, de reformar la Ley de Desarrollo Rural Sustentable para que el gobierno federal fomente el arraigo de la población joven, dedicada a la producción agrícola, en sus lugares de origen.

En el análisis que hace el legislador nayarita acentúa que la población dedicada al sector agropecuario en México está envejeciendo y cada vez es menor. La mayoría de los hombres tienen entre 50 y 59 años, y las mujeres entre 45 y 49 años, en 1957 ocupaba el 57.4% de la población total y en 2014 era sólo de 23.2%.

El impulsor de la iniciativa advirtió que de continuar esta tendencia, las poblaciones rurales quedarán desiertas en pocos años y pondrán en riesgo la soberanía y la seguridad alimentaria del país, planteamiento al que cabe agregar que ya se está viviendo puesto que parte de los granos se exportan en virtud que la producción nacional es insuficiente para atender la demanda interna.

Las razones que tienen los jóvenes para irse a los centros urbanos o a Estados Unidos es por los bajísimos precios que se pagan por la cosecha, lo que en muchas ocasiones no son ni para recobrar lo invertido, además que es una actividad de alto riesgo ya que el exceso de agua y humedad, o la sequía, dan al traste con los plantíos.

Es un problema que en el caso de Aguascalientes se vive cada año, al tener más de 120 mil hectáreas de temporal, por lo que de manera paulatina pero sostenida se achica el número de hectáreas labrantías al venderse a empresas inmobiliarias y el mejor ejemplo se encuentra entre los municipios de Aguascalientes, San Francisco de los Romo y Jesús María, donde han surgido fraccionamientos y negocios, al igual que en la periferia de las cabeceras de los otros municipios y centros urbanos. Lo que antes eran surcos hoy son casas y calles.

Para que los jóvenes se dediquen a labrar la tierra necesitan la seguridad de que tendrán un beneficio aceptable, y éste se logra con precios que vayan acorde con la inversión que se haga en materia pecuniaria y de jornales, de otra manera se podrá reformar esa ley pero y otras sin que se reflejen en la práctica.

Es algo parecido a los ganaderos, que además del precio tan bajo que les compran la leche tiene que lidiar con los sueros que traen del extranjero y se venden como producto lácteo y todos sus derivados. Hay quienes invierten en tecnología de punta para producir más y de mejor calidad pero a la hora del arqueo salen a mano o con pérdidas, lo que lógicamente desanima y provoca que a la primera oportunidad se dediquen a otra actividad.

La tierra agropecuaria, desde tiempos inmemoriales, ha sido vida y destino de los pueblos, pero se necesita la reciprocidad de quien adquiere los productos para que no se rompa el ciclo y es lo que debe vigilarse, en caso que se apruebe las reformas a la citada legislación.

¿Y EL CENTRO DE ACOPIO?

Esa es la gran pregunta que se hacen quienes tienen una televisión “viejita” que dejará de funcionar al primer minuto de enero próximo. Mediante un anuncio en los periódicos nacionales las secretarías del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y de Comunicaciones y Transportes (SCT), piden: “Lleva tu televisión analógica a un Centro de Acopio, y evita un problema gigante” y que hace acompañar de una fotografía con un amontonamiento de aparatos. La cuestión es que en Aguascalientes se desconoce si se han instalado esos centros de recepción y de ser así en qué lugares se encuentran. El asunto radica que en los 11 municipios deberían estar ya operando y no esperar a que cualquier esquina o terreno se convierta en tiradero de aparatos.