Natalia Vitela
Agencia Reforma

Hace dos años, tras divorciarse, Norberto Jonathan Gómez aprendió lo que es ser papá soltero.
Le costó trabajo elegir la leche que le sentaba bien a su hijo Matías, de 3 años, y organizarse para bañar, alimentar y llevar a tiempo al colegio a Tadeo, de 6 años, su otro hijo.
El taxista de 27 años es uno de los 893 mil papás solteros que, según el último dato del Inegi, hay en el País, es decir, 300 mil más que en 2010.
Francisco Cervantes, director de Corazonar, asociación civil enfocada al estudio de las masculinidades, explica que la viudez y la decisión de la madre de dejar a los hijos con el padre o de jueces que otorgan la patria potestad a los varones son las principales razones por las que éstos tienen a su cargo la crianza.
El problema es que no hay políticas públicas para apoyar a esta población.
“Muchos tienen que cambiar de empleo para hacer compatibles los horarios de trabajo con las labores de crianza. Carecen de apoyo y respaldo. No hay legislación en la materia. Por ejemplo, no es fácil que obtengan permiso para salirse del trabajo cuando sus hijos se enferman”, explica.
La falta de acceso a guarderías, agrega el activista, es otro obstáculo.
Roberto Garda, fundador y director de Hombres por la Equidad, coincide en que se requieren políticas públicas y apunta que, a diferencia de las mujeres, muchos varones carecen de redes sociales, por lo que sus hijos pasan mucho tiempo en espacios institucionales más que en los familiares.
Ambos coinciden en que, aunque para criar a sus hijos los varones tienen un primer referente, que consiste en cómo fueron educados, ahora pueden valerse de talleres y libros de ONGs, además del apoyo de sus padres.
Norberto Jonathan cuenta que tomó el ejemplo de las mujeres que trabajan y cuidan a sus hijos.
“Yo pensé: ‘Hay madres solteras que tienen dos o tres hijos y tienen que trabajar. Como hombre ¿por qué no lo voy a hacer? He hecho todo lo posible”, cuenta.
La crianza no ha sido su único reto. Tras su divorcio sufrió un accidente en moto y perdió una pierna. Actualmente usa una prótesis, conduce su taxi y es basquetbolista paralímpico.
“Por fortuna, tengo el apoyo de mi mamá y de mi papá. Trabajo un taxi. Llevo a mis hijos temprano a la escuela y después me pongo a trabajar. En la tarde los recojo en la escuela y como con ellos.
“A Tadeo le ayudo con la tarea. Regreso a trabajar a las 6 y termino a las 10 y media. Los niños se duermen conmigo”, relata.
Una de las principales satisfacciones de Norberto Jonathan es el afecto que manifiestan por él sus hijos, así como su apego por él.
“Para todo me jalo a mis hijos”.