Saúl Alejandro Flores

La semana pasada recordarán les comenté acerca del problema de abasto de agua en Aguascalientes y los inminentes riesgos futuros, lamentablemente esta situación no sólo prevalece en el abasto sino en los otros rubros entre los que sobresale el saneamiento. Pero como podrán darse cuenta estoy hablando solamente del uso público urbano, así que ¿En dónde queda el agrícola? ¿Dónde el industrial? ¿En dónde quedan los aspectos que involucran al medio ambiente?

Existen foros y discusiones en donde especialistas o personas que laboran en el sector agua plantean, así como personalidades que si bien no tienen idea del tema de la gestión hídrica tienen el poder de utilizar los mecanismos de su investidura y proceder a incidir en la política hídrica ya sea para bien o para mal, es el caso de los legisladores y en algunos casos de directivos de organismos operadores o dependencias del sector que poco o nada saben.

En el primer caso que mencioné los legisladores en varias ocasiones motivados por el interés de su carrera política no de la sustentabilidad del agua, no del garantizar que el agua en cantidad y calidad siempre esté presente en las vidas de los ciudadanos no sólo ahora sino en el futuro, o a veces motivados por que esos votos sean en favor de un partido o grupo de partido, apuestan a desinformar al ciudadano y emiten iniciativas aprovechando la necesidad de la gente o en su defecto los vicios inducidos de algunos ciudadanos para ofrecer dispendios.

Sería injusto decir que el panorama tiene totalmente un saldo negativo y recurrir al clásico vicio de descalificar, pues evidentemente han existido avances en otros temas e infraestructura que ha venido a solucionar problemas, este aspecto suele olvidarse, es una de las cosas que se olvida cuando impera no la crítica sino la descalificación.

Pero existen olvidos cometidos no sólo por autoridades, sino por los diversos sectores que conforman la sociedad, sean usuarios, empresarios, intelectuales y sociedad organizada en general, permítanme citar algunos puntos que por pequeños o insignificantes que parezcan su omisión provoca impactos muchas de las veces de efectos irreversibles y otros que para resolver implican costos enormes en todos los sentidos, desde lo económico hasta social, en éste último caso tenemos como ejemplo que la falta de una verdadera planeación en su momento ha generado problemas de abastecimiento en algunas ciudades y la única salida prevista ha sido el trasvase, lo que significa costos de enormes dimensiones, de miles de millones en su diseño, proyectos, estudios luego en su construcción, además de considerar la adquisición de los terrenos con su correspondiente expropiación. El dinero no puede ser público si acaso en las expropiaciones y en algunos de los proyectos, estudios, gestiones, pero el resto será privado, lo que implica participación privada y su respectiva concesión o el recurrir a las modalidades de Asociación público privada.

Lo mencionado en el párrafo anterior es sólo en el apartado de lo económico, pero en lo social los impactos pueden albergar sorpresas ingratas para los inversionistas o autoridades, porque la movilización social ha despertado y puede llevar a fracasar dichos proyectos, porque los habitantes de la región afectada no permitirán la construcción de la obra, ni mucho menos que el agua se vaya de sus terrenos por ese sentido de pertenencia que se ha arraigado.

También el desplazamiento de pobladores y reubicación de centros de población genera un impacto o afectación en la faceta cultural, pero si se dan cuenta sólo hablamos de lo que se percibe, es decir aquí tenemos otro olvido que es el del capítulo ambiental, el cual ha sido reiterativo por que como suele olvidarse u omitirse alevosamente, termina por ser una afectación que para recuperar se requieren grandes inversiones y esfuerzos sociales, así como en otras ocasiones toparse con que los problemas son irreversibles, esto puede resumirse en una irresponsabilidad por olvidar que se debe planear, y si se planeó, entonces la gravedad es que se olvidó recurrir a lo planeado en vez de optar por el interés económico que significa trabajar con contratistas y realizar obra que deje ganancias a los inversionistas y a los decisores gubernamentales que operan tratando de obtener el vergonzoso diezmo, cantidad esperada por los bolsillos de funcionarios o de un partido político para utilizarlo en la próxima contienda electoral, no importa el daño que se provoque al ambiente, ni a la sustentabilidad del recurso.

El agua es un recurso que existe antes de que el hombre apareciera, miles de millones de años lo han presenciado, antes de que el hombre pudiera ser proyectado en los procesos evolutivos de la vida, me atrevería a pensar que si alguna especie animal haya tenido un nivel de inteligencia con concepción del tiempo pasado, presente y futuro, no habría podido imaginar que más adelante existiría una especie como la humana, con sus logros y desaciertos, así como su legado grandioso que contrasta con el antagónico que es la depredación y destrucción del patrimonio natural entre ellos el agua.

Los olvidos son acerca de la naturaleza del recurso hídrico y lo que he denominado en esta columna como las ocho dimensiones del agua: largo, ancho, alto, tiempo, biótico, energético, huella hídrica y agua virtual y la transversalidad. Mientras no se tenga una conciencia de estas dimensiones seguirá habiendo desaciertos como la reforma kafkiana del no corte y del fomento a la incultura del no pago. Urge analizar cada uno de nuestros olvidos sobre el agua, para actuar y buscar revertir los daños para que en México y Aguascalientes el agua nos alcance.

Comentarios: saalflo@yahoo.com twitter: saul_saalflo