ARTURO REVILLA GUERRA. ARQUITECTO

Por J. Jesús López García

La arquitectura como especialidad es una práctica humana de más de once milenios de antigüedad. En aquellas épocas remotas, particularmente en el periodo neolítico, se establecieron las bases prácticas de una producción para el hombre: La arquitectónica, que lo mismo fue útil para brindar seguridad a sus habitantes, que representatividad y testimonio de su paso por el mundo y por el tiempo en la cual fue erigida.
En el siglo XVIII, el denominado «Siglo de las Luces», la disciplina arquitectónica sufrió una metamorfosis de paradigma en sus maneras de la realización, la enseñanza e interpretación bajo el brillo de los grandes avances tecnológicos del momento. La Academia gradualmente fue sustituyendo la transmisión de conocimientos y la pericia práctica propias de la obra en construcción, por las aulas de instituciones de las cuales surgieron los primeros arquitectos profesionales de formación técnica. Desde este ángulo, los tratados de arquitectura fueron atendidos de modo aún más puntual, y aquellos se fueron escribiendo y consolidando a la par de la nueva propuesta en la disciplina de la arquitectura.
De esta manera, el neoclasicismo racional y de composición sencilla tuvo como fundamentos teóricos aquellos como el que sostenía el sacerdote jesuita y teórico francés Marc-Antoine Laugier (1713-1769), titulado Ensayo sobre la arquitectura (1753) donde se propone la vuelta a la «cabaña primitiva» como una especie de depuración formal, en donde la construcción, despojada de todo artificio accesorio, hablase de sí misma, así como de los métodos de composición, el ordenamiento y la disposición en el espacio. La nueva arquitectura en ese concepto neoclásico, debía volver a la pureza grecolatina de la antigüedad, donde aquello innecesario era excluido o minimizado.
Desde la arquitectura del siglo XVIII se desprende la generación arquitectónica que hoy en día se estila; la escuela Moderna fue uno de sus seguidores, baste mencionar al reconocido arquitecto alemán Mies van der Rohe (1886-1969), quien siempre manifestó interés en las realizaciones del siglo anterior del arquitecto neoclasicista Karl Friedrich Schinkel (1781-1841), cuyo espíritu, así como las vanguardias del siglo XX, continua vivo.
La disciplina arquitectónica moderna, nació pues, del rigor, y en ese aspecto uno de los arquitectos más disciplinados en su manera de encarar la profesión en Aguascalientes, es Arturo Revilla Guerra, egresado de la Universidad Iberoamericana y profesor destacado de las asignaturas de Taller de Arquitectura en la Universidad Autónoma de Aguascalientes, fundador de una de las prácticas profesionales en la materia más consistentes de la metrópoli acalitana.
Ese método preciso se manifiesta en su procedimiento de proyectar edificios y construirlos, ya que cada uno de ellos exhibe la total compatibilidad del papel de los elementos arquitectónicos con la armonía del conjunto y la sencillez funcional, estructural y discursiva que el arquitecto también establece en su cátedra.
En el caso del arquitecto Revilla Guerra, como en tantos otros profesionales de oficio probado, la personalidad del proyectista se transmite a su obra, cuidando al máximo el detalle -como en los sistemas arquitectónicos llevados a cabo por el Comité Administrado del Programa Federal de Construcción de Escuelas (CAPFCE)- la composición formal estricta, apegada a las proporciones naturales de la construcción, y la atención a los modos de habitabilidad del inmueble, generando edificios de lectura sobria, integrados a todo su contexto y definitivamente modernos, sin alardes de modas o configuraciones temerarias que terminan en el tiempo, consideradas como ocurrencias. Por el contrario, las diseños del arquitecto Revilla Guerra, son cada uno, piezas de una ya larga cadena a través de varios lustros en donde es visible la evolución de sus planteamientos y sus modos de ejecución, en una línea de ensayo continuo donde los procesos y las formas se van depurando -como lo propuso Laugier hace casi tres siglos- y donde la economía de medios se hace presente en una versión local de aquel famoso menos es más.
De la producción arquitectónica del arquitecto Arturo Revilla son innumerables los realizaciones dignas de un análisis profundo, sin embargo, como ejemplo de su ejercicio profesional, es el edificio en la Avenida Aguascalientes Norte #321, adaptado a un frente diminuto, el edificio es un elemento cuyo propósito no es el destacarse de manera estridente, sino sólo ser atento al uso de sus habitadores; el ser fiel a los medios constructivos disponibles, logrando una composición elegante y mesurada que ayuda a hilvanar un contexto, no desmadejarlo.
Sin dejarse llevar por las veleidades de la novedad, el arquitecto Arturo Revilla Guerra es sin duda es un agudo observador de lo que acontece en el ámbito de la disciplina que nos ocupa, la arquitectura; tanto en los ambientes locales, nacionales y mundiales, siempre con un enfoque crítico de quien domina los rudimentos de su área de trabajo.
Al margen de otras fincas de mayor envergadura de su misma autoría, el edificio estudiado es una clara muestra de la ocupación de su autor, oficio riguroso, disciplinado, moderno, actual. Sin duda también, de genuino arquitecto, referente de la profesión en Aguascalientes, en su hechura y en su enseñanza.