Por: José Carlos Romo Romo

Estimado lector, por cumplirse una semana de que se celebraron los comicios federales, es momento oportuno de hacer un análisis de las principales conclusiones y/o lecciones que nos dejó la pasada jornada electoral. Siempre es interesante hacer estas reflexiones postelectorales, como coloquialmente se dice “a toro pasado”, aunque con cierta reserva pues deberemos esperar los resultados oficiales que emita el INE, tanto para la declaratoria formal de los candidatos ganadores en los 300 distritos uninominales (75 de ellos en los que hubo o todavía hay recuento de voto por voto) como la asignación de las 200 Diputaciones Federales por el principio de representación proporcional, así como, en su caso, la resolución de todos los medios de impugnación interpuestos ante las autoridades jurisdicciones electorales.

En virtud de ello, deseo compartir con Usted una serie de apuntes personales sobre lo aprendido de esta jornada comicial. En esta ocasión, abordo las primeras tres acotaciones, todos ellas desde una perspectiva nacional:

  1. Triunfo de la democracia: La vocación democrática de México triunfó y de manera contundente. Mucha gente dudó del normal desarrollo de las elecciones del pasado domingo, particularmente en el sureste del país, y afortunadamente se equivocaron, al presentarse sólo incidentes menores, salvo el diferimiento de la elección federal y local en el Municipio de Tixtla, Guerrero. La gran apuesta era por el “abstencionismo” y, si bien es cierto la cifra no es la que todos quisiéramos, votaron más de 38 millones de mexicanos de un universo de casi 78 millones de la lista nominal, es decir, alrededor de un 48% de participación ciudadana, el cual se supera el nivel de las últimas dos elecciones intermedias (41.19% en 2003 y 44.61% en 2009), algo que se antojaba difícil por el clima de inseguridad y el desánimo social provocado por el descrédito y hartazgo hacia los partidos y la clase política. La nota desagradable la da el llamado “voto nulo” al amasar más de 1.8 millones de sufragios (4.75% de la votación, según los cómputos distritales), superando la votación de partidos como Nueva Alianza (PNA), Encuentro Social, del Trabajo y Humanista, lo cual es un claro mensaje del divorcio actual entre el electorado y las opciones políticas que tiene a la mano.

  1. Prueba superada: El Presidente de la República supera, en buena medida, su primer gran ensayo de escrutinio popular vía una elección federal. El partido del mandatario, el PRI, por sí solo y a reserva de la confirmación de los resultados oficiales, logró convencer a más 11 millones de mexicanos de votar por este instituto político (el 29% de la votación, según los cómputos distritales) y con ello obtendría un aproximado de 203 curules en la próxima Cámara de Diputados, entre mayoría relativa y representación proporcional, 4 menos que las que tiene actualmente en la LXII Legislatura. Si a ese número le sumamos los 45 que le podrían aportar sus férreos aliados del PVEM, serían un total de 248 Diputados los que integrarían este bloque bipartidista en la próxima Legislatura, 7 más que los que tienen actualmente. Para lograr la mayoría absoluta en la Cámara Baja, les bastaría con negociar los votos de, al menos, 3 Diputados del Partido Nueva Alianza, habría que ver ¿qué tan cara le podría salir esa concertación al Gobierno Federal? Todo ello, nos lleva a concluir que, a pesar de la desaprobación popular que se percibe respecto a la gestión pública del Presidente Peña, más de un tercio de la población sigue creyendo y apostando por ese proyecto de Nación, a la expectativa de que lo mejor del sexenio está por venir, aunque no debe interpretarse como un cheque en blanco, porque las otras dos terceras partes están convencidas de que deben darse cambios importantes en la forma de conducir al país por parte del Gobierno de la República. Adicionalmente, debe considerarse que el PRI recuperó la Gubernatura de Estados como Sonora y Guerrero, aunque tendrá que despedirse de Nuevo León, Querétaro y Michoacán, así como de Alcaldías muy importantes como las de la zona conurbada de Guadalajara, en manos de Movimiento Ciudadano.

  1. Ni para adelante ni para atrás: Creo que el PAN no tiene mucho que celebrar después de la elección. Apostaron fuerte por su acostumbrada campaña de acusaciones hacia al PRI y su figura principal, en este caso el Presidente Peña, sin embargo, su avance electoral resultó prácticamente nulo. Lograron un total aproximado de 8 millones de votos (el 21% de la votación, según los cómputos distritales) y con ello sólo les alcanzaría para un aproximado de 110 Diputados Federales en la siguiente Legislatura, 4 menos que en la actual, lo cual es un retroceso. En el tema de los Gobiernos Estatales, recuperaron un Estado muy importante, económicamente hablando, como lo es Querétaro, pero perdieron otro igualmente importante como lo es Sonora, reteniendo categóricamente al de Baja California Sur. Habrá que esperar el desenlace de la novela postelectoral en el Estado de Colima, para cerrar este capítulo. Así que no hay muchos elementos para hacer una fiesta entre las huestes panistas.

Continuaré con otros apuntes de mi análisis en la siguiente semana. Como es costumbre, agradezco el favor de su lectura y atención. Lo espero, una vez más, el próximo sábado.

 

 

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