RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

Aguascalientes vivió la jornada electoral bajo el signo del desaire. El porcentaje de votantes estuvo en su nivel más bajo de la historia, 36.366 %. La abstención fue de ¡63.63%! Y de esa baja votación miles de boletas fueron anuladas por los mismos electores, que acudieron a la casilla pero no eligieron a ningún candidato; algunos solo plasmaron su inconformidad en las boletas contra los candidatos, partidos y gobierno. Esto originó que en dos distritos, de los tres que hay en Aguascalientes, la diferencia entre el primero y segundo lugar fuera como de final de fotografía. Al final de cuentas el PAN se llevó dos distritos, el 2 y el 3, y el PRI el distrito 1 que es el que abarca todos los municipios del estado. Este resultado nos da varias lecturas muy interesantes. La primera es que para la elección del próximo año, en que se elegirá gobernador, alcaldes y congreso local, ningún aspirante, del partido que sea, la tienen muy segura. La población con su actitud el domingo pasado dio muestras del rechazo a más de lo mismo. Y hablo de la actitud de quienes no fueron a votar, pues a pesar del tremendo bombardeo mediático, las 24 horas del día, no lograron influir en el ánimo del electorado. Al contrario, lo fastidiaron y desanimaron.

Con el resultado de la victoria para gobernador en Nuevo León de “El Bronco”, la ciudadanía abrió los ojos y ya se dio cuenta que sí se puede elegir a un candidato sin partido, que equivale a un candidato sin compromisos ni padrinazgos, que luego son los que al ganar tienen que pagar favores a políticos que toda la vida han vivido de los dineros del gobierno, que han medrado en diferentes cargos públicos a lo largo de toda su existencia tejiendo complicidades con sus pares partidistas han logrado mantenerse en las cúpulas del poder obteniendo altos beneficios. Hoy esto puede empezar a cambiar. La marca ya no es lo que importa sino la persona. Desde luego que los partidos líderes tienen un hándicap a su favor: la infraestructura partidista, pues cuentan con la capacidad de movilización humana para tener representantes en la totalidad de las casillas electorales, lo cual es fundamental para el cuidado de la elección. En las pasadas elecciones varios partidos, sobre todo de los nuevos, no tuvieron representantes en muchas de las casillas. Por ello en Aguascalientes la lucha se centra en solo dos partidos: PAN y PRI. Y lo mismo será el año entrante. Los panistas deberán trabajar mucho en el campo, en los municipios. Ya se vio que el voto “duro”, o el voto “verde”, como se le llamaba antiguamente cuando la CNC en verdad era poderosa, del PRI está ahí. Y en el municipio de la capital el PAN avanzó enormidades. Atrás quedó el control priísta de las colonias proletarias, en donde con despensas, láminas y costales de cemento se tenía asegurado el voto. Los habitantes de las colonias del oriente, las 7 hermanas, que era un bastión poderoso de votos del partido tricolor se cansaron de recibir migajas y demostraron que su voto cuenta para las elecciones importantes, las que dan poder y control político. Ya no sólo votaron por el PAN las colonias ricas de Aguascalientes sino también las que menos tienen, las que andan mendingando favores a sus representantes populares en el congreso del estado y recibiendo en muchas de las ocasiones sólo desaires. El año entrante será una prueba de fuego para quienes aspiran a gobernar Aguascalientes. Hoy ya no hay candidaturas seguras. La población ya se cansó en verdad de los grupúsculos políticos que albergan en sus filas a gente que sólo aspira a alcanzar un cargo que los mantenga sin vivir en el error. Ya sea en el gobierno o en dependencias importantes, las de los grandes y jugosos sueldos. Ya no más los mismos rostros que brincan de un cargo a otro. Hoy ya se vio lo que les pasa a los que brincan de un partido a otro. Eso lo considerará el electorado año venidero.

Ahora bien, en el ámbito nacional ¿Qué fue lo más importante de las elecciones pasadas? Pues creo que eso precisamente, que hubo elecciones, ya que había lugares en donde se pensó que podía no haberlas y que todo transcurrió sin un descalabrado y sin un vidrio roto, excepto pequeñas cosas que no tuvieron mayor trascendencia. Después, para la gente del sistema vigente que temía que la elección iba a ser un referéndum negativo para el presidente de la república, pues pasaron cosas notables para su partido, por lo menos conservó la mayoría, con sus aliados en la cámara de diputados. Y después ganó las votaciones en Oaxaca y en el Estado de México. Gana en su estado, pero también en el estado más contrario a sus proyectos, sobre todo al proyecto educativo. Ahí ganó el PRI.

Son cosas en las que todo mundo ha dicho que estas elecciones sirven para un reacomodo de las fuerzas políticas; para una transformación de los equilibrios y en algunos casos, yo diría, de los desequilibrios. ¿En donde se presenta el mayor desequilibrio de todo el proceso electoral? En Nuevo León. Lo que ocurrió con “El Bronco” es algo especial, aunque yo no comparto el entusiasmo por esta victoria aparentemente independiente. Y no lo comparto por dos razones: Porque la independencia en política no existe. Un político solo no puede hacer absolutamente nada. Por ello, llegar a esa posición a partir de lo que se llamó las candidaturas ciudadanas, me parece algo digno de análisis, porque no son un invento propio estas candidaturas. Pero aquí está la mayor expresión del desequilibrio de las fuerzas políticas regulares, partidistas, quedan hechas a un lado, despedazadas; la ventaja de “El Bronco” fue abrumadora, dos a uno sobre el PRI. El 45% de los votos es como el partido de Alemania vs. Brasil en el pasado campeonato del mundo. Es una paliza espantosa. Y quien haya aprovechado el desencanto ciudadano para estimular una candidatura aparentemente ciudadanizada, también lo hizo con una gran maestría de propaganda y de persuasión política. Ese es un enorme logro que no hay que regateárselo ni al “Bronco” ni a sus promotores, porque hicieron las cosas de una manera absolutamente brillante.

Y el PRI, que era visto como el partido que muchos de los orgánicos y los no orgánicos esperaban ver reducido al cero, de nueve gubernaturas se queda con cinco. Es una proporción insuficiente para sus aspiraciones, pero es una proporción que refleja la verdadera fuerza que tiene este partido y que a partir de hoy tiene enfrente de sí dos grandes enemigos, si es que quiere repetir en la presidencia de la república: uno es revertir los pasivos del gobierno y no convertirlos en lastres electorales y el otro es cómo van a frenar por un lado a los independientes y por el otro lado a MORENA, cuyo crecimiento, tomando en cuenta el poco tiempo de su existencia como organización política, es impresionante. Lo que hizo Andrés Manuel es tremendo.

En el mundo los símbolos son importantes, cuando Andrés Manuel tuvo el peor momento de rechazo de muchas fuerzas políticas, porque ocupó el Zócalo y el Paseo de la Reforma, en lo que fue una protesta electoral, que lo llevó al embrollo ese de una presidencia legítima, un poco de tiempo después organiza su propio partido político, impone un candidato -Ricardo Monreal- en la Delegación Cuauhtémoc y territorialmente MORENA se queda con el Zócalo y el Paseo de la Reforma, tres años.

Eso es una resurrección en la imagen de un político. A ver quién puede hacer algo de ese tamaño. El Zócalo hoy es de MORENA.

Sin duda que estamos viviendo una época muy interesante. Para quienes llevamos ya más de 30 años atestiguando –empecé en EL SOL DEL CENTRO en 1984- la vida pública día con día, que es lo que hacemos quienes escribimos periódicamente con columnas de opinión, atestiguamos la evolución de la vida y de los hechos semana a semana, ya sea en la radio, en la televisión o en los periódicos, hemos visto un cambio de país y una velocidad de cambio que todavía no alcanzamos, al menos yo, a digerir por completo. Hoy estamos viendo situaciones en la república que están dominadas por fuerzas antagónicas a la institucionalidad del Estado y con eso se negocia; y la costumbre que era casi casi una potestad legítima del gobierno de reprimir es algo que pertenece al pasado. ¿Cuánto tiempo nos vamos a tardar en decir que las candidaturas políticas presentadas exclusivamente por partidos registrados son las únicas con viabilidad? ¡Nos vamos a tardar seis meses más! Porque esto que acaba de ocurrir en Nuevo León, en Morelia, en Guadalajara, simplemente nos demostró que los cambios de la política, que son al final los cambios de la sociedad, porque por un lado la sociedad genera el cambio pero el cambio genera una nueva sociedad y una nueva forma de organización, en menos de treinta años hemos pasado casi de un Estado feudal a un estado con rasgos de una modernidad que ya no puede regresar a lo que era antes. Por ejemplo, estamos viviendo la época de los “Derechos”; todo lo que ocurre en este país se ampara y se invoca por un Derecho. Y así hemos visto los derechos de las minorías convertirse en leyes ¡aprobadas por las mayorías!, lo cual es una forma de transigencia verdaderamente escandinava. Que el D.F. haya logrado, sin mayores escándalos, el matrimonio entre personas homosexuales, que en Francia el año pasado causó un relajo increíble. Aquellos hablaban de la igualdad en el siglo XVIII. Tomaron la Bastilla con esos gritos y ahora todavía estaban regateando su derecho al matrimonio a las personas del mismo sexo. Quienes están allá no se diga, con esos resabios del siglo de oro, que de oro nada más tenían la literatura pero todo lo demás era bastante malo. Estamos viendo morir una época, no somos nosotros los sepultureros del pasado que vimos cuando llegamos anhelantes de conocer la realidad de la redacción de un periódico. No somos sus sepultureros pero vimos su sepultura. Y estamos viendo una nueva forma de participación de los mexicanos en la construcción de un destino. Y esto va más allá de la bondad o de la ineptitud de los gobiernos. Hay, realmente, creo yo, un surgimiento de la conciencia pública. No todo el tiempo se aprovecha, hay cosas que se pervierten; hay nuevos políticos que se montan en los vientos del cambio para recuperar privilegios del pasado o para simular que el cambio también les toca a ellos. Pero eso no importa. En la suma de las cosas y en el balance final de la historia reciente en la que estamos todos metidos, estamos viviendo una nueva época.