Josemaría León Lara Díaz Torre

La rendición de cuenta y la transparencia, son factores básicos para una democracia moderna, real y efectiva. En el despertar del siglo XXI, el mundo ha cambiado de manera radical en los últimos quince años, tanto desde el ámbito social, cultural, artístico pero sobre todo en el político.

Particularmente en México, con la llegado del año 2000, no solo le dábamos la bienvenida a un nuevo milenio, si no a la democracia. Por poco más de setenta años, en nuestro país tuvimos lo que Mario Vargas Llosa llamara la “Dictadura Perfecta”; el partido homogéneo (Revolucionario Institucional), nos gobernó con el estandarte de la Revolución, factor histórico mal entendido por muchas décadas.

Ahora bien, el cambio debía llegar y aunque la transición del poder a Acción Nacional por doce años no rindió los frutos que se esperaban, sí que ayudó a que los mexicanos comenzáramos a creer en una verdadera democracia.

Aunque no me atrevería a afirmar que actualmente en México vivimos en una real democracia, sí puedo afirmar que estamos en vías de. Me refiero a las ventajas consecuencia de reformas de vital importancia para la vida política en el país.

La representatividad siempre irá de la mano de la democracia, ya que a través del derecho principal y más básico de la misma es que los ciudadanos puedan elegir mediante el voto a sus representantes.

El voto es el medio con el que contamos todos los mexicanos en plena capacidad de ejercicio (18 años), para hacer valer nuestro derecho consagrado por la Constitución para elegir a nuestros gobernantes y a su vez exigir de ellos el cabal cumplimiento de sus funciones siempre con apego a las atribuciones que la ley les otorga por su propia envestidura de servidores públicos.

El ciudadano debe de poder sufragar libremente hacia una alternativa que vaya a favor de sus ideales e intereses, no hacia los intereses de la clase política mexicana, sin importar el color o la ideología política.

Pero también, el ciudadano mismo puede ser una alternativa para los demás, es por eso que al momento de levantar la mano (como coloquialmente se diría) y decidir formar parte de la vida pública del país activamente, debe de tener algo en cuenta, que su trabajo deberá someterse siempre a revisión y que deberá rendir cuentas de sus acciones a todos y cada uno de los mexicanos, que es por ello que se vota por ese ciudadano.

Es necesario que el ciudadano promedio se involucre en la política del país, ya basta de esta actitud conformista y mediocre esperando que las cosas se solucionen de forma mesiánica, el mexicano debe de interesarse y de esta forma poco a poco ir involucrándose en la vida política nacional.

Esto puede ser al no involucrarse directamente con ningún partido o ideología política; “el mexicano puede ser apartidista pero no apolítico”.

jleonlaradiaztorre@gmail.com / @ChemaLeonLara