Por Juan Pablo Martínez Zúñiga

La percepción del espectador moderno, tal vez debilitada por la banalidad expedita que representa el ‘grosso’ de mensajes e insípida información recibidos en Facebook o por WhatsApp, le da ingreso sin problemas también a la bobería argumental que ahora y por diversos medios (literatura, TV) pretende pasar por “saga”, asumiéndolas y consumiéndolas como tal sin mayor empacho o problema, consolidando una mitopoeia (creación de mitos) que sólo la historia revelará como el tramado de historias vanas y triviales que varios pueden detectar, pero prefieren callar por temor a ostracismo social. La abanderada en este contexto sería la “escritora” Joanne Rowling, mejor conocida por la cultura pop como J.K. Rowling, una mujer de ascendencia británica quien logró una de las estafas más grandes del nuevo siglo: convencer al mundo no sólo de que era escritora, sino que sus textos eran algo que valiera la pena leer. Gracias a su lucrativo fraude, se diseminó la ilusión que cualquiera puede escribir y tener éxito, saturando el mercado con series interminables de libros centrados en personajes pueriles motivados (por lo menos aquellos que tuvieran algún tipo de causa existencial) por los móviles más insulsos en historias aparentemente inspiradas en la moralidad ochentera (ejemplos sobran: “Los Juegos del Hambre”, “Insurgente”, “Maze Runner”, y un largo y doloroso etcétera). A Rowling su receta de literatura chatarra no sólo la coronó como la reina del muladar de las letras, sino que ahora, agotada la fórmula de su personaje insigne Harry Potter, tanto en páginas como en cine, pretende repetir el número con elementos derivados de su insustancial universo mágico con “Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos”, reciente adición tanto a la cartelera local como a una franquicia manejada con tal avaricia y rapacidad que aun si la premisa es descabellada, resulta irrelevante mientras ingrese los millones de dólares que debe a las arcas de la Warner y a la cuenta bancaria de Rowling. En esta ocasión, tenemos una historia que semeja un apareamiento entre lo ya visto hasta el cansancio por esta serie y PokémonGo. La trama se ubica en 1926 y el personaje principal es Newt Scamander (Eddie Redmayne, visiblemente incómodo en su unidimensional papel), un magizoólogo que dedica su vida a la recopilación y catalogación de animales mágicos. Su trotamundo estilo de vida lo lleva hasta Nueva York, donde conoce a Jacob Kowalski (Dan Fogler), un aspirante a panadero que, accidentalmente, intercambia maletas con Scamander liberando a toda su fauna mítica. Ambos deberán unir fuerzas para atraparlos a todos, asistidos por las hermanas Goldstein, Porpentina (Katherine Waterstone) y Queenie (Alison Sudol), definidas como Auroras -magas altamente calificadas por el Ministerio de Magia local- que han caído de la gracia de las autoridades hechiceriles norteamericanas por razones que, en verdad, no vale la pena abordar. El cuarteto se verá además antagonizado por el MACUSA (MÁgico Congreso de USA), liderado por el truculento y misterioso Percival Graves (Colin Farrell), quien como suele ocurrir en estas historias tiene fines ulteriores, por lo que manipula secretamente a Credence Barebones (Ezra Miller), el atribulado y atormentado hijo de la líder de una asociación dedicada a derrocar a los seres mágicos del país (Samantha Morton), siendo vistos como una amenaza.
Las andanzas de Scamander y su tropa deberían ser la vértebra narrativa de esta cinta, pero como era de esperarse su construcción como personaje es ínfima, debilitado por una escasez de elementos psicológicos y emocionales que expliquen realmente porqué su gesta magiambientalista por proteger la vida salvaje fantástica. La dinámica que surge entre los personajes no ayuda mucho tampoco, pues debemos creer que Porpentina ve a Scamander como un partido válido, mientras que Queenie hace lo propio con el bufonesco Kowalski, forzando relaciones sentimentales donde no hay ni pizca de verosimilitud para su confección. Más interesante resulta el trabajo de Farrell como el ominoso Graves, personaje con más tela de dónde cortar y que muestra más capacidades narrativas que el personaje principal, pero también como es norma en las historias creadas por la facilona Rowling (narrativamente hablando, por supuesto. Nunca me la han presentado, así que desconozco si lo es en otros rubros), tal diseño sólo son señuelos para la acostumbrada revelación final donde se expone al villano como algo más de lo que aparenta. Ni siquiera podemos argumentar que las escasas bondades de la cinta (la interpretación de Farrell y la fotografía correcta) son virtud del director David Yates, quien no aprende y regresa a este universo después de dirigir las últimas cuatro cintas de Harry Potter, con pobres resultados.
Historia intrascendente, personajes unidireccionales y aburridos, eventos predecibles, saturación en pantalla de efectos generados por computadora y un sentido del humor de lo más ñoño, hacen de “Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos” otra probada al mismo platillo degustado hasta la náusea, pero ahora con nueva cobertura que pretende hacerlo pasar por novedad, aun si el mismo maniqueísmo absurdo, imposición de moralidad caduca y supuestos valores heroicos permanecen. Al terminar, uno quisiera que alguien arrojara un hechizo de amnesia sobre uno para poder olvidar la sacarosa e incómoda experiencia.

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