Por J. Jesús López García 

Al paso del tiempo y debido a su función simbólica de frente a una comunidad, muchos edificios experimentan modificaciones importantes de acuerdo con los usos y modos de empleo de las diferentes épocas en las que van coexistiendo con las actuales generaciones, e incluso, recientes grupos humanos también lo hacen: como ejemplo, las pirámides mesoamericanas que hoy conviven con una población étnica, social y de creencias religiosas muy diferentes a las que había en el lugar en el momento de su construcción.

Esos cambios van desde lo pausado –adaptando al uso de los antiguos inmuebles– hasta lo más radical, tal es el caso de la utilización del inmueble como parte de otro de factura nueva. Entre las transformaciones que van operándose en los inmuebles vigentes, está la adaptación de renovados volúmenes, variados repertorios formales y modernas maneras de conectar, cerrar, ampliar o abrir lo que anteriormente se conservaba con el propósito de acondicionar a todo aquello vigente de inicio, pasando a ser una parte integral –o al menos importante– de un edificio o de un conjunto arquitectónico-urbano.

La Catedral Metropolitana, en la recientemente denominada Ciudad de México, inició su levantamiento en el siglo XVI, sin embargo, a lo largo de un poco menos de tres siglos, posteriores al arranque de la obra, ésta fue ampliándose modificándose características espaciales y cambiando de apariencia, por lo que si hacemos un breve recuento de sus particularidades ordenadas cronológicamente, aún en la sacristía pueden observarse los terceletes góticos de la bóveda; la sobria portada herreriana contrasta con los retablos churriguerescos de su interior y finalmente los remates de las torres, en forma de campana, armonizan con el término neoclásico llevado a cabo por Manuel Tolsá.

En el caso de Aguascalientes, la parroquia también ha experimentado diversas transformaciones. Ricardo Corpus en su texto La Catedral y su Cabildo (Aguascalientes), menciona que era una pequeña iglesia ubicada probablemente en el predio que hoy ocupa el Palacio de Gobierno; de su constitución original levantada con adobe y matacán no existe ya algo.

El conjunto que actualmente es la sede comenzó su construcción hasta el siglo XVIII, la torre norte y la cúpula fueron consolidados décadas más tarde; la torre sur fue erigida hasta mediados del siglo XX sustituyendo a una pequeña espadaña; el atrio que albergaba un panteón ya no presenta sepulcros y en el siglo pasado se le integró el encumbramiento que corona la portada barroca; se abrió la ventana de arco conopial que ilumina el coro y se adosaron las naves laterales con sus respectivas portadas en clave neoclásica de orden toscano.

A todo lo anterior y en una intervención que no tenía antecedente alguno, en 1968 se inició el proyecto así como la demolición de los anexos existentes para levantar unos más acorde al momento y forma de ser de los acaliteños, contemplando las necesidades propias de una ciudad en vías de desarrollo. Durante siglos, la parte posterior de la Catedral dio la espalda a la hoy calle Venustiano Carranza, que con el paso de los años había adquirido una imagen urbana de mucha mejor calidad que la del resto del entorno.

La edificación anexa no establece un rompimiento con el conjunto, si bien para la fecha de su factura, materiales, procesos constructivos y demás factores sociales, económicos y de representación comunitaria presentaban las desigualdades más notables desde aquel remoto siglo XVIII en que se comenzó a dar espacio y forma al edificio.

Aguayo Mora que había mostrado un talante vanguardista en otros edificios religiosos y laicos, se ciñó a lo solicitado por la Secretaría de Patrimonio Nacional con una propuesta integradora en la composición que presenta una volumetría de vanos horizontales donde prevalece el peso del macizo, dejándose en el cuerpo superior en esquina, las superficies acristaladas más grandes rematadas por arcos mixtilíneos.

En un principio el proyecto se diseñó considerando tres niveles los cuales albergarían la Sacristía, las oficinas de la Mitra y la biblioteca y salones para el Cabildo Diocesano. La prensa escrita publicaba que “…Las obras que modernizarán y harían destacar los bellos rasgos arquitectónicos de la Iglesia Catedral Basílica, están a punto de arrancar. Mientras tanto, en México está sometido a los trámites oficiales que se estilan en estos casos, el proyecto que sobre la primera parte de la modernización de la Catedral, fue formulado por el arquitecto Francisco Aguayo. Los Arquitectos Chanfón y Vaca, de la Dirección de Monumentos Nacionales, se entrevistarán en Aguascalientes con el Excelentísimo señor Obispo, Dr. Salvador Quezada Limón, con el fin de comentarle que en vísperas de una reunión de alto nivel en esa dependencia que se llevaría a cabo para tal efecto, existía una corriente favorable para la aprobación del proyecto relativo a la sustitución de los anexos…” El levantamiento del conjunto, se efectuaría con la sólida experiencia, conocimiento e ímpetu que caracterizaba al arquitecto Francisco Aguayo Mora.

La obra formaría parte de un conjunto de propuestas para renovar la mancha urbana por parte del recientemente fundado Colegio de Arquitectos de Aguascalientes en 1967.