Que su amor sea eterno fue una de las peticiones que, ante el cristo negro de la parroquia del Señor del Encino, realizaron Edgar Rangel y Vania Ocampo.
Para recibir la bendición de Dios, los jóvenes acudieron al recinto, dando por terminada su etapa de novios e iniciando el camino del matrimonio.
Con gran emoción, los novios llegaron acompañados por sus papás quienes, tras recorrer el pasillo acompañados con la marcha nupcial, otorgaron la bendición a sus hijos en el altar.
Frente al ministro de la Iglesia, Edgar y Vania entrelazaron sus manos con fuerza, dejando de manifiesto su total convencimiento del amor que se profesa uno al otro. El momento más enternecedor fue cuando se colocaron la argolla delicadamente en su dedo, los sentimientos de la pareja afloraron y por un momento su voz parecía quebrarse, pero de inmediato retomaron el momento para que por medio de Cristo fueran declarados marido y mujer.
Con profunda alegría, los recién casados abandonaron la casa de Dios para reunirse a festejar el acontecimiento con sus seres queridos en una emotiva recepción preparada especialmente en su honor, misma que disfrutaron enormemente.

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