Analine Cedillo
Agencia Reforma

BRECKENRIDGE, Colorado.- El verano en este antiguo pueblito minero se vive mejor al aire libre. La comunidad de Breckendrige sabe celebrar al Sol y contagiar a los visitantes de su espíritu aventurero.
“Breck”, como le dicen de cariño, parece el escenario de un cuento con final feliz. Rodeado de montañas con picos nevados enamora con sus fachadas de colores, techos de dos aguas y macetas con un sinfín de flores. Además, la facilidad de ir caminando de un lado a otro se suma al encanto.
Situado al este de Denver, a menos de dos horas en auto, el destino experimentó la fiebre del oro a finales del siglo 19; pero cuando cuando la explotación minera se interrumpió cobró fama de pueblo fantasma. En los años 60 se popularizó, tras la apertura del área de esquí. Actualmente, fuera de la temporada de invierno, viven unos 4 mil 600 habitantes.
Si bien muchos conocen este destino por sus atractivos de invierno, en los días veraniegos es un placer ver cómo, luego de salir del trabajo, los habitantes de Breck aprovechan el calor y la luz para salir de excursión, pasear con sus perros frente a las tiendas de Main Street o convivir en el corazón del destino: Blue River Plaza, justo a la orilla del río cristalino y con vista a la cordillera Tenmile. Su estilo de vida, inspira a quien está de visita.
Para los viajeros que no se cansan de jugar -ya sea en bicicleta de montaña, buscando flores silvestres en los senderos o desafiando en balsa la corriente de un río-, este es el “País de nunca jamás”, sugiere Jessie Unruh, miembro de la oficina de turismo, quien como muchos otros forasteros, se mudó a las Rocosas hace años y decidió convertirlas en su hogar.
Porque lo mismo da que se tengan 5 o 40 años de edad, las oportunidades de recreación que regala la naturaleza en este lugar son varias. Y aunque todo parece protagonizado por la adrenalina, no faltan las experiencias artísticas.
Breck Create, una organización sin fines de lucro, desde 2014 se encarga de proponer actividades que incluyen conciertos, espectáculos de danza, funciones de cine bajo las estrellas y hasta talleres gratuitos y abiertos tanto a la comunidad como a los viajeros, entre ellos, sesiones de AcroYoga.
Todo ocurre en el Breckendrige Arts District, un campus creativo conformado por varias propiedades históricas que han sido restauradas para albergar desde un teatro, hasta estudios donde los artistas abren las puertas para compartir sus procesos de creación.
Por todo lo anterior: si ya entrada la noche, el viajero no se siente gratamente agotado al llegar a su habitación, entonces debe preguntarse si aprovechó bien su tiempo. En Breck siempre hay mucho por hacer.