Diana Saavedra
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.- La leche materna humana es la más compleja del reino animal, pues contiene más de 200 diferentes moléculas de azúcar a diferencia de las 30 o 50 encontradas en el ratón y la vaca, respectivamente, revelaron científicos la Universidad de Zurich.

Thierry Hennet y Lubor Borsig, especialistas en fisiología, apuntan en la revista Trends in Biochemical Sciences que aún cuando se ha hablado durante mucho tiempo sobre la importancia de la leche materna para el crecimiento del infante, no se había realizado un análisis detallado de sus características y efectos.

“Nadie debate o duda de que es importante para reducir la incidencia de infecciones en los neonatos, pero no se ha realizado un estudio a fondo sobre el papel de algunos de sus componentes, como la inmunoglobulina A y los oligosacáridos”, apunta Hennet.

La leche materna es siempre la primer comida que debe recibir el neonato, pero muchas de sus moléculas de azúcar no están destinadas a alimentarlo, añaden los especialistas.

Los bebés nacen sin bacterias en sus intestinos, pero a los pocos días ya tienen millones y después de una semana miles de millones, así que los científicos sugieren que los azúcares excedentes en la leche materna son en realidad un caldo de cultivo bacteriano que busca que se desarrolle la flora intestinal.

“Esta primera leche favorece la colonización del intestino por grupos específicos de bacterias que son las que pueden digerir estas moléculas de azúcar. Los azúcares son para las bacterias, no par el bebé, es como un fertilizante para sembrar bacterias”, precisa Hennet.

Debido a que esta leche también favorece el desarrollo del sistema inmunológico del bebé, también es rica en anticuerpos y moléculas que frenan el crecimiento de patógenos, y coordinan la actividad de los glóbulos blancos, añaden.

Luego de un mes, cuando el bebé ha comenzado a desarrollar y adaptar su propio sistema inmuno, la composición de la leche cambia, por lo que éstos anticuerpos maternales caen en más de un 90 por ciento, precisan los investigadores.

Igualmente, disminuyen los azúcares en la leche de la madre, lo que implica que ya existe en el bebé especies de bacterias para que comience a realizar sus propios procesos digestivos.

En su lugar, la leche materna comienza a ser más rica en grasas y otros nutrientes que favorecen el crecimiento del infante.

Debido a que, pese a no ser alimentados con la leche materna, los niños pueden crecer sanos plantea controvertidas hipótesis sobre lo que es normal o no en cuando al amamantamiento, reflexionan los científicos.

“La leche humana es el producto de millones de años de evolución y, ciertamente, posee los nutrientes óptimos para el recién nacido, pero la duda es qué tanto duran sus beneficios a largo plazo y qué tanto los necesita realmente el bebé”, añade Hennet.

Los científicos afirman que continuarán revisando la leche humana ahora para tratar de comprender el papel de las hormonas el papel exacto de las poblaciones bacterianas en la flora intestinal.