Fernando López Gutiérrez
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 El deporte federado en nuestro país es, de manera continua, un espacio en el que se replican las prácticas más lamentables de la política nacional. Actos de corrupción, autoritarismo, compadrazgo e ilegalidad han sido acciones comunes al interior de diversas federaciones en las que sus asociados cuentan con pocos medios y posibilidades para evitarlas o denunciarlas. El mundo del deporte es también un mundo de política, negocios y beneficios personales en el que algunos dirigentes buscan sacar provecho de su posición, en un área con poca supervisión y mecanismos limitados de transparencia y rendición de cuentas. Precisamente a este medio llegó como responsable Alfredo Castillo.

El que fuera Procurador de Justicia del Estado de México, Procurador Federal del Consumidor y Comisionado para la Seguridad y Desarrollo Integral en Michoacán obtuvo la encomienda de dirigir la organización responsable de guiar la política de Estado en materia deportiva. Desde que tomó protesta se ha mantenido activo, ha sido motivo de críticas y menciones en los medios y hoy enfrenta una difícil situación al haber entrado en conflicto con algunas de las federaciones deportivas con más poder en nuestro país.

¿Será que para erradicar las prácticas nocivas que son comunes en el deporte nacional debe pasarse necesariamente por una confrontación directa con muchos de los que detentan los liderazgos en diferentes especialidades? Debido a lo que hemos mencionado con anterioridad es posible que sí. No obstante, la manera en que Castillo ha actuado no resulta por mucho la más inteligente y estratégicamente congruente.

Si bien existen en el deporte líderes con muy mala reputación y comprobada falta de ética (por decir lo menos y no levantar acusaciones sin tener pruebas), la comunidad deportiva es amplia y en ella participan grupos diversos con base en un marco normativo específico que no debiera ser vulnerado. Probablemente el principal problema del titular de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (CONADE) es que ha actuado con una autoridad que lo mantiene alejado de la gente del deporte, sin buscar el apoyo de los propios deportistas, los cuales en su mayoría lo ven con recelo y desconfianza.

Alfredo Castillo ha querido actuar con firmeza sin haberse dado el tiempo de establecer un diagnóstico claro de la situación de cada una de las organizaciones deportivas nacionales, sin buscar soluciones específicas a los complejos problemas que se presentan en los distintos deportes. Como la experiencia en política pública ha demostrado, las soluciones y remedios generales no constituyen una respuesta verdadera para los problemas complejos. La actuación autoritaria, sin la generación de alianzas y la cooperación de quienes trabajan con honradez por el deporte, pocos frutos pueden dar en un sector que, además, se ha encontrado históricamente fuera de las prioridades de nuestros gobiernos.