TORONTO, Canadá.- El ritmo del bombo resuena en toda la calle.
Un inmigrante de kenia es el causante de tan buen son. Irresistible mover las caderas, aunque sea un poco.
No importa hacia donde se mire, todas las paredes están pintadas de colores brillantes, algunas con interesantes graffitis: en Kensington Market, no existe la sobriedad.
Ubicado en el sur de Toronto, este pequeño barrio que cubre no más de cinco cuadras se distingue por la diversidad de sus habitantes.
Fusiona las culturas de todos los que han llegado a la ciudad en los últimos 100 años.
A principios de siglo 20 fue habitado por judíos. Tras la segunda Guerra Mundial llegaron italianos, portugueses, ucranianos y húngaros. En la década de los 70, chinos, y en los años recientes vietnamitas, latinoamericanos, indios y kenianos.
El coctel de residentes ha provocado que sus calles principales, como Baldwin Street y Kensington Avenue, alojen una atractiva variedad de comercios.
Enfrente de un restaurante jamaiquino hay un comercio de ropa atendido por un chino y, del otro lado, una tienda de abarrotes de una familia italiana.
Por la zona abundan estudios de tatuajes, así como mercados de pulgas, en los que se puede encontrar desde una aspiradora hasta un lindo vestido vintage para el verano.
Al merodear por Kensington Market, uno de los guías locales pregunta cuál es nuestra nacionalidad.
Al enterarse de que somos mexicanos comenta que hay un local de “tortugas”, que pertenece a unos paisanos.
Presume que lo que ahí se vende es delicioso. Y aunque la mayoría pensamos en las famosas tortas, nos sorprendemos al ver que lo que en realidad se vende en Pancho’s Bakery -ubicado en el 214 de Augusta Avenue- son unos sabrosos churros.
A decir verdad, nadie entiende cuál es la relación entre estas “tortugas” y el azucarado postre. Posiblemente, entre tantas nacionalidades e idiomas, a menudo la confusión debe hacerse presente.
Mejor no darle más vueltas al asunto y pedir la especialidad de la casa: un churro relleno de cajeta con dos bolas de helado de vainilla, perfecto compañero para seguir explorando la zona.
Hemos venido en domingo, contrario a lo que suele suceder en otros destinos, durante este día todas las tiendas se encuentran abiertas. Los vecinos de la zona salen a comprar los víveres que necesitarán en la semana y a tomar un café.
Varios de los lugareños sostienen que el brunch del domingo es el momento perfecto para ponerse al día con los amigos.
Sobre la banqueta se puede encontrar a uno que otro músico con su guitarra en mano o a artistas vendiendo pequeños óleos a los transeúntes. Estos últimos van desde un hipster hasta un elegante señor judío.
Imposible salir de aquí sin realizar alguna compra: una chalina tejida o un collar de cuentas.
Habrá que regresar pronto para ver qué otras nacionalidades hacen de esta zona su tierra.