Saúl Alejandro Flores

Un ruido seco se escuchó en el pozo al asomarse muchas pequeñas lucecitas espectrales se movían en el fondo del agujero que en algún momento albergó y abasteció de agua a su propiedad, las luces avanzaban ascendiendo por las paredes, la inmovilidad se apoderó de su cuerpo por los brillos tenebrosos que ahora se veían acompañados de otros, y esos colmillos destacaban sobre el pelaje de un río de ratas que avanzaba y salía a modo de plaga del pozo, oscureciendo el panorama, crecía y crecía la migración de roedores era interminable, al grado que el sol quedó oculto. Camilo Ríos despertaba con una respiración acelerada de esa pesadilla en la que de lo único que se podía inundar el pueblo era de ratas y no de agua.

La niñez de Camilo además de todo lo habitual, quedó marcado en su memoria del disfrute que tuvo con el agua, tanto en la laguna a donde acudía a nadar con sus padres y hermanos, como el río en el cual llegaron a pescar, así como disfrutar del agua fresca que les proporcionaba el pozo, además de muchas historias sobre espectros que se aparecían al borde de su fuente de abasto de agua, leyendas que como es sabido suelen difundirse entre niños como forma de control y de inculcar temor.

La adolescencia de Camilo fue traumática, no sólo perdió a sus padres, teniendo por consiguiente que hacerse cargo de la finca y las labores del lugar, sino porque en esa etapa comenzó a sufrir la escasez de agua y el tener que tomar decisiones para administrar el rancho y su agua, animales y el futuro sobre la vida que le deparaba no sólo a Camilo sino a todo el lugar, básicamente porque a los alrededores se habían instalado fábricas e industrias para la crianza de ganado de todos los tipos, así como producir alimentos bajo métodos que resultaban innovadores por la tecnología, sin embargo, el agua comenzó a escasear y la poca que quedaba se fue mermando en calidad, al grado de volverse inútil para ser usada, la laguna terminó por secarse y parte de los derechos que tenía para explotar el agua en su propiedad Camilo los vendió a una de las empresas que se instaló a unos metros de su propiedad.

La inexperiencia de Camilo influyó en que vendiera los derechos de agua, nunca previó que el agua escasearía, que aquello que conoció en su infancia terminaría algún día, ahora el pozo albergaba no entes o espectros como aquellas historias que escuchó en su niñez, a partir de ese momento hasta su etapa adulta, el único espectro sería el del agua.

Ruidos y ecos ahora escapaban del pozo, años atrás se escuchaba cuando el agua corría en el subterráneo, luego el pozo se secó, de vez en vez escurría poca agua que sólo empleaba para su uso personal, ya no había posibilidad de tener animales o cultivos, la poca agua la hervía y desinfectaba para poder beberla, y de vez en cuando bañarse. La tecnología diseñada permitía que evitara el uso de agua para lavar la ropa en seco y limpiar su casa, trastes y otras actividades, podríamos pensar que esa tecnología llegó tarde, que hubiese sido interesante que esos artefactos existieran años atrás, para evitar el acelere de la escasez de agua y no para ser un paliativo en la sequía actual.

Al acercarse al pozo se escuchaban murmullos y sonidos como aquellos años en que había suficiente agua, ahora solo escurría muy poca y para obtenerla Camilo dejaba el balde en el fondo acostado para que se alcanzara a llenar, lo hacía una vez al día para luego hervirla y desinfectarla, porque abajo en el pozo más que agua habitaban roedores y otros animales ponzoñosos.

Quien en algún momento quisiera descansar por la tarde no dejaría de escuchar esos sonidos que en ciertos instantes pudiera asimilarse a llantos, voces y lamentos como de un ánima en pena, igual por las noches en el interior de la casa, también se escuchaban esos ruidos que a veces eran como se dijo de índole tenebroso, del mismo modo quien se asomara por alguna de las ventanas que daban hacia el pozo, podría constatar que a la par de los ruidos las sombras cobraban vida al borde de la fuente, era tétrico ver ese panorama, la sequía predominaba, los ruidos, el ambiente y las sombras que al momento de recibir la luz de la luna nos permitían descubrir que eran ratas, cientos de ellas, por tal motivo, podría pensarse que esa era la causa de que Camilo tuviera esas pesadillas recurrentes, esos eran sus nuevos espectros.

De hecho esta escena no era propia en la finca de Camilo, eso era el común denominador en la región, pues la apuesta por el modelo industrial vendría a mermar el abasto de agua y por supuesto afectar la calidad de la misma, la contaminación avanzaba, así que ante las protestas de la población que poco eco hicieron en las autoridades, pero luego fueron secundadas por los grandes industriales y agricultores, se realizaban gestiones por obtener agua primero de presas luego traerla desde el mar, les decían que sería posible tras métodos costosos para extraer, desalinizar, conducir, potabilizar y luego llegar a las tomas domiciliarias, aunque la verdad el agua llegaría primero a los corporativos, sin embargo, eso seguía en proyectos, no se podían concretizar, porque en lugares donde se pretendía construir presas lo único que se obtenía eran protestas y férrea oposición de los lugareños, y en cuanto a la conducción de agua del mar, tampoco era posible, porque el costo era enorme y existían candados legales y administrativos que dificultarían los altos costos de las tarifas, así que la población y el propio Camilo seguirían teniendo pesadillas cuyas formas vivientes sería un reflejo aterrador en el ámbito del abasto de agua, las ratas parecerían ser las auténticas dueñas del agua, y los roedores de dos patas también.

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