Agradece a México

CIUDAD DE MÉXICO.- Nacida en Argentina, en 1926, y después nacionalizada mexicana, Rosita Quintana comparte de su puño y letra lo que representa para ella recibir el Ariel de Oro que otorga la Academia Mexicana de Ciencias y Artes Cinematográficas.
A sus 90 años, la actriz y cantante, que desde hace poco más de una década se retiró de la actuación y la vida pública, rememora cómo salió adelante tras un accidente automovilístico en México (a mediados de los 60) que la dejó en coma varios días y por el que se ausentó un tiempo de los escenarios.
Recuerda cómo regresó y que ha tenido una vida plena y feliz, aunque ha pasado los últimos años en una silla de ruedas tras caerse de las escaleras de su casa.
“He sido siempre una mujer muy coqueta y prefiero que la gente así me recuerde. Aunque el premio a la trayectoria que me dará la Academia Cinematográfica me hizo perder la vanidad y allí estaré, en el Auditorio, en mi silla de ruedas y con este silencio involuntario que casi no me permite emitir sonido. Que curiosa la vida. Que curioso que una actriz que vivió prestándole su voz a muchos memorables personajes, se quede prácticamente en silencio.
“Le cuento que mi corazón ha estado siempre dividido en dos. Amo Argentina, donde nací, y amo México, donde logré mis metas más soñadas. Canté ranchero y canté tangos. Pero será en México donde terminaré mi vida, y lo digo sin dramatismo porque ese es el final de todos, donde nos igualamos, donde no hay ricos ni pobres ni triunfadores ni fracasados. Quiero que le gente sepa que estoy en paz porque nunca le hice mal a nadie, al menos a sabiendas”, escribió.