Josemaría León Lara

Todo Jefe de Estado y/o de Gobierno tiene un equipo de seguridad personal y logística, que lo ayuda en la realización de sus funciones diarias; por ejemplo: el Papa tiene a la Guarda Suiza Pontificia, el Presidente de los Estados Unidos cuenta con el Servicio Secreto, así como el titular del Poder Ejecutivo Mexicano se encuentra bajo la protección del Estado Mayor Presidencial. Estos organismos técnicos y militares existen con la finalidad clara de salvaguardar la integridad física de aquel que detente el puesto, sin embargo sus funciones no se limitan únicamente a tareas de escolta, también a los medios de transporte que se deben utilizar.

En el caso particular de la Unión Americana, existen ciertos símbolos que identifican a la Presidencia, háblese de la misma Casa Blanca, el despacho oval y el avión presidencial mejor conocido como “Air Force One” siendo éste una real extensión de la oficina del presidente.

Lo anterior quiere decir, que sin importar que el jefe de estado norteamericano se encuentre en el aire, puede ejercer el poder sin limitaciones de comunicación o logística, sin mencionar que en cuestiones álgidas en materia de seguridad el presidente es trasladado al avión y se mantiene volando hasta que se decida otra cosa.

Y es que no se utiliza un avión presidencial simplemente para giras o viajes al extranjero, sirve para salvaguardar la seguridad nacional del Estado. La proyección de un país en materia internacional da una clara visión de donde se encuentra la nación en materias como economía, turismo, comercio exterior entre otros. Todo esto nos lleva a uno de los temas que más han causado polémica, como es la compra de la nueva aeronave del presidente de México.

Es una noticia que se ha ido y ha vuelto en muchas ocasiones, mismo que alrededor de la misma se ha mitificado, por la gran cantidad de falsa información. Es necesario primeramente darnos cuenta de las verdaderas causas que orillaron al gobierno federal en la administración pasada a tomar la decisión de compra.

El avión presidencial actual, conocido como “presidente Juárez”, es viejo, caro de operar e ineficaz para las necesidades que el gobierno enfrenta 30 años después desde su compra, ya que se adquirió en el sexenio de Miguel de la Madrid.

Por más negatividad respecto al supuesto gasto innecesario que representa la compra de un nuevo avión, es importante mencionar que el actual representa un costo altísimo en mantenimiento y operación; tanto así que no tiene la capacidad de realizar vuelos transatlánticos puesto que tiene que parar en determinados puntos del norte de nuestro continente para recargar combustible.

El gasto ya está hecho y si nos apegamos a las “propuestas” de venderlo, el valor de compra no sería equitativo al costo inicial por la misma devaluación que sufriría. Lo que no se ve, es que es un avión que perdurará para las siguientes administraciones y no únicamente la actual.

jleonlaradiaztorre@gmail.com / @ChemaLeonLara