El gozo y la dicha de recibir por primera vez la santa eucaristía, son sentimientos que ha experimentado el niño Juan Pablo López Mozo, al comulgar en la capilla de Juan Pablo II.
Fervientemente, sus papás y padrinos acompañaron al pequeño para ser testigos de una fecha memorable para él, puesto que Jesús vivo ha entrado para quedarse y habitar en su corazón para siempre.
Los dones del Espíritu Santo que en él fueron depositados en su bautismo, fueron rectificados y en agradecimiento a ello, Juan Pablo retribuyó al Creador entregándole su infancia con el firme propósito de fortalecer su amistad con él.
A las plegarias que el sacerdote elevó al padre celestial, se unieron las de los familiares y amigos presentes como muestra de cariño hacia el nuevo comulgante y, por supuesto, de su familia.
Una ocasión tan especial, fue gratamente celebrada con una sana convivencia familiar, donde el niño, rodeado de sus seres queridos y amigos cercanos, disfrutó de una tarde inolvidable.