Carlos Reyes Sahagún
Cronista del municipio de Aguascalientes

La semana pasada le conté de un ensayo que me hizo llegar el contador público Jorge Romo Pérez, sobre la participación de Aguascalientes en la Segunda Guerra Mundial, y que escribió él, motivado por la serie de artículos sobre este tema que publiqué en agosto próximo pasado.

El contador se define como “aficionado a la Historia, y particularmente interesado en la Segunda Guerra Mundial”, y su ensayo incluye algunas interesantes fotografías, excepcionales por desconocidas. Una de ellas, por ejemplo, está sacada de una Revista de Policía, que publicaba en Aguascalientes su abuelo, el señor Rubén Romo Zamarripa, que en las décadas de los años cuarenta a sesenta se desempeñó como subinspector de la Policía Preventiva de Aguascalientes, y director de la Cárcel de Varones.

La fotografía muestra a un grupo de 12 señoritas, debidamente uniformadas, muy serias y formales, que integraron el Batallón Especial de Transmisiones de la Defensa Civil de Aguascalientes. Precisamente las cuatro damas que están sentadas, tienen sobre las piernas algunas banderas para realizar señales. Por cierto que los dos hombres que están entre estas últimas mujeres, son el instructor del grupo, capitán Luis Pacheco Gilbert, y el señor Martiniano Delgado, comandante civil de la agrupación, que tenía una farmacia en la esquina sur poniente de las calles Madero y antigua de Laurel, hoy Ezequiel A. Chávez.

Veo la imagen, la elegancia de las mujeres, la marcialidad de que hacen gala, y no puedo menos que considerar la seriedad con la que asumieron su papel, por muy remota que fuera la posibilidad de que, efectivamente, Aguascalientes se viera inmerso en el conflicto bélico.

Pero hubo otros mexicanos, quizá algunos miles, que sí participaron, y que desgraciadamente han sido olvidados en nuestro país, pero no en algunas ciudades europeas en las que actuaron, y en donde se les dedicaron plazas y calles, según cuenta en su trabajo el contador Romo. Importantes fueron también los estadounidenses de origen mexicano, o mexicanos en Estados Unidos, que se enrolaron en las diversas armas para combatir a los regímenes nazi-fascistas. A uno de ellos, José Mendoza López, se le dedicó un monumento en la ciudad de Brownsville, Texas, gracias a que abatió a 125 soldados alemanes…

Don Jorge me cuenta que en una época su familia fue vecina, aquí en Aguascalientes, de “un veterano de origen mexicano, sobreviviente del desembarco de Normandía (quien por cierto fue herido gravemente entonces), y que seguramente por los mismos prejuicios que anteriormente indico, regresó a los Estados Unidos donde había recibido la ciudadanía y hace unos años falleció”.

¿A qué prejuicios se refiere mi interlocutor? Al ninguneo; la falta de legítimo y justo reconocimiento a lo hecho. Me cuenta también que aquí vivió, o vive aún (por lo menos así era hasta diciembre de 2014), un sobreviviente del famoso Escuadrón 201, el sargento segundo, armero, Luis Jiménez Sánchez, y agrega: “¿Conoce quizá, que la madre de unos connotados y reconocidos empresarios locales fue enviada a la propia Alemania los últimos años de la guerra (Atestiguando el caos respectivo), que afortunadamente aún sobrevive?”

Por desgracia falta el interés en saber cómo y por qué, mexicanos participaron en la guerra, que en alguna medida ha sido alimentada por los propios involucrados, al no dejar constancia documental de sus acciones y/o querer olvidar todo, en función de lo que el contador Romo llama “síndrome de estrés post traumático”, terrible mal mental que padecen quienes se ven sometidos a situaciones de violencia. En otros casos, los veteranos han preferido migrar y establecerse en los países bajo cuya bandera combatieron. “Quienes sirvieron bajo ejércitos extranjeros generalmente no indicaban su nacionalidad, reportando domicilios inexistentes (o de simples conocidos) por lo mismo. En el caso norteamericano, a los mexicanos se les registraba como “caucásicos”, lo que al momento de su muerte dificultaba bastante contactar a sus familiares directos, por lo que al ser muertos en acción se optaba reportarlos como desconocidos, o si acaso su tumba tiene nombre, está situada en lugares lejanos, en un limbo legal dado que su propio país no ha hecho nada por recuperar los restos. Desgraciadamente, no hay estadísticas oficiales al respecto y los familiares optaron por olvidarlos al desconocer su fin.”

Por fortuna la guerra no llegó a Aguascalientes, no al menos en su dimensión bélica, pero sí lo hizo, y con mucha fuerza, en su dimensión económica –el mercado es un teatro de operaciones bélicas que puede ser más impactante y efectivo que el ataque de una jauría de submarinos, o el cañoneo de buques acorazados–. Para el caso que nos ocupa, don Jorge recuerda que se incrementaron la capacidad y funciones del taller de los ferrocarriles, teniendo en cuenta la importancia estratégica que este medio de transporte tenía. En la práctica ello implicó que se incrementaran el mantenimiento de las unidades y, más importante aún, la capacidad de los trabajadores locales. En efecto, esto dio pie a “toda una serie de generaciones de torneros, mecánicos, electricistas, y técnicos especializados que de forma innegable marcaron –hasta la fecha– a nuestro estado. Indudablemente ese performance temporal (motivado por la guerra), le permitió competir con otras plazas como San Luis Potosí, o incluso extranjeras, hasta bien entrada la época diesel eléctrica a mediados de los 80.”

Finalmente, el contador Romo se refirió a mi mención del cierre, a fines de los años cuarenta, de dos de las factorías más importantes de Aguascalientes: La Perla y la Jabonera del Centro, y considera que constituyen una muestra de “la falta de vocación productiva y laboral que tenemos en nuestra querida tierra, ya que hemos dependido en mayor o menor medida, durante décadas, de actividades diversas para subsistir por el momento: la agricultura, minería y ganadería, la fundición, la vitivinicultura, los propios ferrocarriles, los bordados, la textil, y de maquilas de confección, etc.” (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).