Carlos Reyes Sahagún

¿Hay algo colgado en las paredes de su casa? ¿Quizá una imagen del Sagrado Corazón? ¿Un calendario? ¿Tal vez una última cena o un bodegón en el comedor, y en la puerta una estampita de San Ignacio de Loyola, para ahuyentar al demonio? ¡Ya sé! De seguro tendrá por ahí una imagen de la Virgen de Guadalupe.

¿Habría un cuadro, una pintura o un grabado? No pienso en la fotografía de sus padres, de su matrimonio, o de sus hijos, sino en una pintura, realista, abstracta, un paisaje, un retrato…

Cuestiono sobre lo anterior porque el sábado pasado, mi esposa y yo nos apersonamos en la Hacienda de San Luis de Letras, en el municipio de Pabellón de Arteaga, a fin de asistir al Festival de la Vendimia, que organiza con mucho éxito la vinícola del mismo nombre.

En la casa grande encontramos una exposición pictórica, y si normalmente vemos cuanta exhibición se nos atraviesa, esta me llamó de manera particular mi atención, dado que reconocí un cuadro que había visto a principios de año en la selección de la Bienal Alfonso Pérez Romo, que organiza la UAA. Se trata de una pintura del ilustrador Pedro Arellano que, si la memoria no me engaña, lleva por título “Escena del crimen”, y muestra a un grupo de hombres, varios de ellos tocados con una gorra beisbolera, que contemplan una pelea de gallos.

El cuadro me gustó… Ojalá tuviera yo las luces suficientes y necesarias para hacer explícito mi gusto, pero en cambio me limitaré a decir que me gusta la composición, la viveza de la selección de colores, el dibujo, los hombres y animales inmersos en un patio; un terregal, ajenos a esta contemplación de una escena común y corriente…

El evento, en el que se vendían los cuadros, así como reproducciones de algunos en formato de tarjetas postales y alguna artesanía, fue promovida por Procultura Occidente, una empresa cultural animada por jóvenes egresados de la tercera y cuarta generación de la carrera de Artes y Gestión Cultural de la UAA, en la que participan también licenciados de Historia y Letras Hispánicas, y que tiene por objeto generar una oferta de servicios culturales tan amplia como los orígenes profesionales de sus miembros.

El asunto me interesó, en la medida en que esta organización impulsa la difusión de obra artística, en el contexto de un medio que, por una parte, es poco propicio para el consumo de esta clase de producción, y por la otra, tiene creadores poco competentes para vender su obra; venderla, digo, como Dios y la decencia mandan, y romper con esa idea perversa, trágica, de que el artista, el creador, vive de aire, o de suspiros…

La galería permaneció abierta el fin de semana, con motivo del festival señalado. Aprovechando este viaje, platicamos con Israel Esparza Robledo, Daniel Reyes y Cinthia Castañeda, a propósito de los esfuerzos que realizan a fin de abrirse paso como profesionales del arte y la gestión cultural. Israel me dice que Procultura es una empresita que se dedica a la promoción cultural, presta servicios diversos y difunde productos a manera de souvenires, reproducciones de artes plásticas, cuadros y artesanías, además de obra de arte, pintura y grabado.

Algunos artistas los buscan, pero también ellos buscan a los creadores. Daniel me cuenta que una dimensión de su labor se relaciona con las artes plásticas, pero también trabajan con artesanos, sastres que se dedican a la confección de vestuario para charros y toreros, aparte de artesanos que fabrican artículos de mayólica, esta cerámica que fue común entre nosotros en la época virreinal.

La obra que tenían expuesta pertenece a artistas locales consagrados como Ismael Guardado, Moisés Díaz, Andrés Vázquez Gloria, Víctor Zamarripa, y otros más jóvenes, en pleno desarrollo, como Carlos Castañeda, Eréndira Carlos Luévano, el citado Pedro Arellano y otros.

La empresa va para dos años de haberse establecido, por lo que está en pleno proceso de desarrollo, que es la manera amable de decir que se emplean a fondo en la sobrevivencia, pero ni han sido vencidos, ni se dan por vencidos.

Israel considera que existe una gran necesidad de este tipo de iniciativas. Procultura ofrece a los artistas servicios que van desde la confección de un catálogo de obra, su diseño, hasta la venta de su producción. Como en el caso de este festival de la vendimia, también ofrecen algunos productos a empresas con vocación cultural, desde hacerse presentes en eventos como este, o redactar textos, o revisarlos.

Otra tarea que llevan a cabo es la comercialización de sus productos, en hoteles y museos, que en el caso de los primeros, los obsequian a sus huéspedes, y les está yendo lo suficientemente bien como para planear una nueva edición de reproducciones para la temporada de calaveras.

Más podría decir sobre esta experiencia, pero el espacio se agota. Observo a estos jóvenes, su trabajo, los cuadros y reproducciones que comercializan, los especieros de mayólica, y se me figura que la presencia de iniciativas como ésta, por una parte nos ofrece una mirada cálida, fresca, hacia nuestra identidad y, por la otra, le dan a nuestra ciudad un toque de necesario cosmopolitismo, como decir que aparte de cines y centros comerciales, etc., contamos con artistas plásticos, galeristas y promotores de estas artes. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).