A mitad del camino

Por Jesús Álvarez Gutiérrez

ciudad-vivaEn el balance del primer trienio de esta administración federal destaca, sin lugar a dudas, la aprobación de trece reformas estructurales, especialmente la energética, la de comunicaciones y la educativa, que ayudarán a romper cuellos de botella en sectores estratégicos.

Sin embargo, su aterrizaje ha sido más problemático y lento de lo previsto, y hasta ahora no se han convertido en el esperado motor de crecimiento.

La tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) a nivel nacional ha sido de 2 por ciento anual en promedio. Ligeramente arriba del crecimiento demográfico, aunque Muy por debajo de las expectativas.

El mayor gasto gubernamental ha tenido poco impacto en el crecimiento, pero ha elevado el nivel de deuda pública hasta representar un peligroso 47 por ciento del PIB.

Nuestras exportaciones crecen algo, pero se concentran en el sector automotriz y no logran compensar la caída en los ingresos petroleros, por lo que el déficit de cuenta corriente es equivalente al 2.9 por ciento del PIB, el más alto en 21 años. Los flujos de inversión extranjera directa (IED) se mantienen en su nivel inercial, pero cae la inversión de cartera, que es más sensible a la volatilidad financiera internacional. Y, finalmente, como resultado del desequilibrio externo, el peso se deprecia a pesar de la venta de reservas internacionales.

Las tasas de desempleo (4.4) y subempleo (8.1) siguen muy altas. En la economía informal permanece un 58.5 por ciento de los trabajadores. Los empleos mejor remunerados desaparecen y son sustituidos por empleos de menos de tres salarios mínimos. La masa salarial está lejos de recuperar el valor alcanzado en 2008. El consumo privado se ha mantenido gracias a las remesas de los mexicanos en el extranjero y a que la inflación es la más baja de la historia.

Se han sumado dos millones de mexicanos a la pobreza, aunque disminuyó en 100 mil el número de los clasificados en pobreza extrema.

El salario mínimo de 70 pesos diarios es un pago indigno, que mantiene a las personas en pobreza laboral, ganan menos de lo que cuesta la canasta alimentaria básica del Coneval. A los que argumentan que los salarios no deben subir “por decreto”, debemos recordarles que el salario mínimo en nuestro país se ha mantenido deprimido “por decreto”, y ha perdido 70 por ciento de su valor en las últimas tres décadas. En todo el mundo, el salario mínimo ni siquiera entra en la lógica de mercado. Entra en un orden normativo de bienestar, donde se impone un pago mínimo por el trabajo menos calificado y, así, se evitan abusos “monopsónicos”. A los que argumentan que no existen trabajadores que ganen el salario mínimo, debemos mostrarles los datos del Inegi, la fuente estadística más creíble, que descubre 4.3 millones de trabajadores subordinados que ganan el salario mínimo. A esta cifra habría que agregar otro tanto de mexicanos que laboran en la economía informal.

Ahora que los salarios mínimos se desindexaron de las multas, recargos y créditos hipotecarios, es el momento para empezar su alza gradual y ordenada hasta lograr en pocos años que sea efectivamente suficiente para la compra de una canasta básica de alimentos. Y con políticas públicas razonables convertir los ingresos por remuneraciones laborales en el motor interno de la economía.

Un reto adicional fundamental será conseguir un crecimiento económico más sustentable. De acuerdo al Inegi, los costos ambientales derivados de las actividades económicas en México en 2014, representaron 5.3 por ciento del PIB, es decir, más de 900 mil millones de pesos, que son los gastos que tendría que hacer la sociedad para prevenir o remediar la disminución o pérdida de recursos naturales. Los mayores costos ambientales se ubicaron en la contaminación atmosférica, el agotamiento de yacimientos de hidrocarburos, la degradación del suelo, la contaminación del agua, la sobreexplotación de los mantos acuíferos, la disminución de recursos forestales y el desperdicio de residuos sólidos urbanos.

Importa crecer, pero importa más la sustentabilidad social y ambiental para no poner en riesgo a las futuras generaciones de mexicanos.

jesusalvarezgtz@gmail.com

http://heraldo.mx/tag/ciudad-viva