Por: Jesús Alejandro Aizpuru Zacarías

 

El principio del fin, dirían algunos. Hace tres años el Presidente iniciaba su gobierno en alianza con las dos principales fuerzas de oposición y con un PRI preocupado, y ocupado por salir avante con las “Reformas Transformadoras”; logró, en poco tiempo, una concertación de acuerdos que dieron como resultado la aprobación de las tan ansiadas reformas; unidos mediante el “Pacto por México” fue posible la formalización de las reformas que se habían retrasado durante años.

Seguramente el Señor Presidente no imaginó que el tiempo para aprobar dichas reformas sería tan breve; sin embargo, estoy seguro que ahora es consciente que el tiempo para implementarlas rebasará por mucho su sexenio.

A diferencia de los primeros tres años de su mandato, ahora se enfrentará a una oposición que día a día buscara desmarcarse del Presidente y de su partido, en pocas palabras pintará su raya. Ricardo Anaya, presidente del PAN no asistió al mensaje del pasado 2 de septiembre, clara señal del distanciamiento con el Primer mandatario; Navarrete ha manifestado en varias ocasiones durante este último mes, que el PRD debe mantenerse con una marcada distancia con el gobierno y fungir como verdadera oposición.

En resumidas cuentas, la estrategia del gobierno será distinta, ahora tendrá que ser fuerte ante las confrontaciones con la oposición (moderada) que anteriormente fue su aliada, además de aquella radical representada por MORENA.

A partir del anuncio sobre los cambios en el gabinete, nos pudimos dar cuenta que se prepara para la sucesión; Aurelio Nuño jugará un papel importantísimo en la implementación de la reforma educativa, lo que sin duda lo pone en el juego de los presidenciables; al igual que Meade al frente de Desarrollo Social, serán piezas claves para la última etapa del sexenio y para la sucesión presidencial.

El Presidente Peña, es consciente que si quiere ser recordado por la historia como un Presidente reformador, será necesario que su sucesor tenga una visión que garantice en gran medida la continuidad, implementación y perfeccionamiento de las reformas, de lo contrario su legado será muy distinto.

Si bien no dio nombres, sí mandó un mensaje muy claro del personaje que no podría garantizarle la continuidad de las reformas “la intolerancia, la demagogia o el populismo, las naciones, lejos de alcanzar el cambio anhelado, encuentran división y retroceso.

Sin duda es momento de sucesión, el Presidente lo sabe, los mensajes son claros y el rumbo que buscará también, de ahí que los partidos empiecen a polarizar sus posturas, ellos también están en busca de la sucesión y deben alejarse del gobierno para poder venderse como una opción “diferente”, de lo contrario el único que capitalizará electoralmente el distanciamiento del gobierno será el dueño de la franquicia de MORENA.

Aprovecho el espacio para enviarle un fraternal abrazo a María Oropeza y Rafael Conzuelo, porque el pasado fin de semana dieron inicio a una nueva etapa en sus vidas. ¡Enhorabuena!.