A Lorena Martínez, imprescindible.

Por Daniel Amézquita

Ni las amenazas de ser arrestada, ni los gritos del chofer del autobús, ni el enojo de un hombre que esperaba que se levantara y recorriera para atrás, ni la idea que prevalecía de que las personas de color eran ciudadanos de segunda, inferiores, hizo que Rosa Parks, una costurera de 42 años, dejara su lugar a un joven blanco como marcaba la ley, la tarde del 1 de diciembre de 1955. Nunca imaginó que aquella simple disidencia sería la chispa incendiaria de la lucha por los derechos de los afroamericanos, el más grande de los movimientos civiles en Estados Unidos. “Aquel día estaba cansada, harta de ceder”, explicaría después.
Así como la valentía de Rosa Parks y el coraje moral de Martin Luther King fueron decisivos en la lucha por los derechos de los afroamericanos. Cientos de miles de mujeres y hombres en México hoy, liberales, indignados, aguerridos, brillantes, elocuentes, modernos, justos, comprometidos, inteligentes defendiendo la dignidad humana en una sociedad en igualdad, libertad y respeto; enalteciendo el valor que tienen hijas e hijos, madres y padres, abuelas y abuelos, el amor, la amistad, la convivencia, la democracia, están siendo fundamentales para garantizar los derechos para la comunidad LGBT.
Factores de cambio, han cristalizado ideales y enfrentado paradigmas, luchando contra la corriente. Trascienden, porque han colaborado con la democracia, la justicia social, los derechos humanos, la lucha contra la pobreza o la concordia entre quienes piensan diferente.
Se trasciende de diferentes maneras y todas son imprescindibles. Imposible entender a México sin los personajes de Elena Poniatowska, sin el humor analítico de Carlos Monsiváis, sin la poesía de Jaime Sabines o los grabados de Guadalupe Posada; cómo podríamos replantear el rumbo de nuestro país sin el legado de Benito Juárez y Lázaro Cárdenas, sin el ejemplo revolucionario de Pancho Villa y Emiliano Zapata; cómo inspirarnos sin la obra y ansia por el conocimiento de Sor Juana Inés de la Cruz. Frente al desinterés de algunos, están los maestros y maestras comprometidos en cada aula, las y los funcionarios a los que no les tiembla la mano para hacer lo correcto, los poquísimos diputados y senadores que llevan a la tribuna los intereses del pueblo y los migrantes que cruzan la frontera arriesgando sus vidas para encontrar oportunidades y poder ofrecer algo mejor a sus familias. Imposible entender a México sin la disciplina de Lorena Ochoa, las películas de María Rojo, los guiones de Paz Alicia Garciadiego, los logros de nuestros atletas paralímpicos, la decencia de los sacerdotes Raúl Vera y Alejandro Solalinde o los goles de la selección mexicana. Imprescindible para la construcción del futuro, cada ciudadano que desde su trinchera pavimenta el camino de las nuevas generaciones. Finalmente nuestra historia, es la historia particular de millones de hombres y mujeres.
Cientos de ejemplos que se multiplican cuando nos sabemos conscientes de los alcances que tienen nuestras acciones cotidianas, la fuerza con la que defendemos nuestros principios, la importancia que le damos a nuestros valores familiares o la disciplina con la que desarrollamos nuestras tareas. Son imprescindibles para el progreso, los hombres y mujeres que inspiran a millones, pero también los millones que con acciones sencillas, como plantar un árbol, abonamos para tener un futuro mejor y cambiar lo que es necesario.
En una ocasión, la cantora Mercedes Sosa, expresó emocionada a una de sus compañeras, en un evento en Israel, en el que se plantaron árboles en memoria de los inocentes caídos en la guerra: “Besa esas hojas, porque van a estar, cuando tú ya no estés”. Sembremos hoy, construyamos hoy.