Silvia Guerra

Definitivamente el mundo es muy diverso, las culturas y costumbres son tantas y tan variadas, que por eso decimos que cada persona es un mundo. Cada ser humano trae detrás arrastrando una historia, que contará corporal o verbalmente al mundo, apegándose al punto de vista personal formado por su educación y por su manera particular de analizar las cosas.

Recientemente he tenido la fortuna de compartir algún tiempo con personas de dos distintas culturas a la mía. Es increíble comprobar que a pesar de que en algunos países el idioma es el mismo, el comportamiento, las expresiones y la manera de ver el mundo son diferentes. No se diga, cuando el idioma y todo lo demás son totalmente ajenos a lo de uno.

De acuerdo a protocolo y las buenas costumbres, cuando uno viaja al extranjero debe procurar acoplarse en la medida de lo posible, a la cultura a la que va; cuando hay un desconocimiento total de ella, lo mejor es intentar respetarla al máximo para no agredir u ofender a nadie.

Coincidieron en Aguascalientes dos parejas de amigos provenientes de Europa, una pareja que nos visitó de Austria y otra pareja (padre e hija) de España. Los españoles y los mexicanos nos conocemos tanto, que prácticamente nos sentimos como hermanos y en muchos sentidos estamos ya muy hechos al intercambio de nuestras culturas en cuanto a modismos, vestimenta, gastronomía, etc.; por lo que tanto padre como hija, se desenvolvieron como peces en el agua en los días que estuvieron en nuestra ciudad, además de que el idioma no les supuso una barrera.

Curioso fue ver cómo nuestros buenos amigos austriacos se desenvolvían en nuestra bullanguera cultura mexicana. Llegaron, sobre todo la esposa, con la firme idea de ser lo más acoplados posible a nuestras costumbres. Como podrán imaginar, los austriacos son personas que están acostumbradas a una distancia interpersonal más grande que la nuestra, no acostumbran besos y abrazos más que con sus familiares o personalidades muy cercanas a ellos y su manera de comportarse es mucho más callada y austera que la nuestra.

Estábamos invitados a una reunión y esta bella y alta amiga austriaca me dijo: yo sé que los mexicanos besan y abrazan mucho al saludar y yo no debo sentirme incómoda al respecto. Este comentario me dio mucho gusto y me enterneció porque esa costumbre nuestra, ellos la ven como intrusiva y excesiva; por lo menos estaba abierta a aceptar nuestras diferencias sin sentirse agredida. Nos separamos por un momento y cuando volví a darme cuenta de ella, la vi que de manera muy cariñosa abrazaba y daba un beso de bienvenida a toooodo el mundo, comportamiento que a los señores los tenía muy contentos. Al acercarme a ver si todo iba bien me dice: Esto de besar y abrazar a todo el mundo es agotador. Me dio ternura comprobar que ella estaba haciendo un esfuerzo enorme por adaptarse, sin darse cuenta que pasaba un poco al exceso. Le comenté de manera muy sutil que no debía abrazar y besar a cuánta gente le pasara por enfrente a lo que me respondió: ¡Uf! Las costumbres mexicanas son mucho más complicadas de lo que pensé, ¿cómo sé cuándo es suficiente o con quién sí y con quién no? ¿Tú qué le hubieras contestado a esta linda amiga austriaca? ¿Para ti cuándo es correcto dar un beso y abrazar a alguien al saludarlo?

Efectivamente, acoplarse a los modos de una cultura totalmente distinta es complicado; muchas veces la frase del título de este artículo se queda corta, ya que más allá de, “como changuitos de imitación” hacer lo que se ve, necesitamos una explicación compatible a nuestro razonamiento que nos haga comprender el porqué haremos lo que haremos o qué significa para la otra cultura lo que se supone que es correcto hacer. Efectivamente puede ser agotador.

Espero tengas un lindo resto de semana.

El Poder de tu Imagen.

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