A cuatrocientos años del legado de Miguel de Cervantes Saavedra

David Reynoso Rivera Río

Durante ya casi cuatro años, he compartido y tocado todo tipo de temas con ustedes, los cuales han abarcado desde la perspectiva juvenil cuestiones académicas, culturales, deportivas y, por excelencia, las cuestiones políticas. En esta ocasión he decidido realizar un pequeño homenaje con motivo de que hace un par de días se celebró el cuarto centenario del fallecimiento de uno de los más grandes escritores de la literatura en lengua castellana, Don Miguel de Cervantes Saavedra, quien a 400 años de su muerte no sólo ha dejado como legado su obra cumbre “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha”, sino que ha dejado toda una filosofía para el orbe entero.

Miguel de Cervantes no sólo exprimió las mejores esencias y las más bellas palabras del idioma castellano, sino que también logró hacer un retrato del comportamiento humano que a 400 años sigue teniendo vigor. Fue definitivamente un hombre curtido en experiencias extremas ya que conoció la guerra, el hambre, la prisión, el éxito y el desprecio. Icono de los siglos XVI y XVII, en los cuales el hombre se enfrentaba a los dilemas a los que se sigue enfrentando, y hacía lo posible y lo imposible por darle una forma a su experiencia en la Tierra: ser o no ser, someterse o someter, librarse de su sociedad o lanzarse a la tarea de corregirla, dejarse consumir por las pasiones o entregarse a los amores, entre muchas otras verosimilitudes que se pueden encontrar.

Como dato curioso, tratemos de imaginar qué hubiera sucedido si Cervantes pisara el territorio americano. Resulta interesante mencionar que el propio escritor solicitó en 1590 al Consejo de Indias un puesto de trabajo en nuestro continente, petición que le fue rechazada. En su pedido, que se conserva en el Archivo General de Indias, el célebre escritor pide y suplica humildemente a los reyes sea servido de hacerle merced de un oficio en las Indias, como miembro de la Contaduría de Granada, o la Gobernación de la Provincia de Soconusco, en Guatemala, o Contador de las galeras de Cartagena, o Corregidor de la ciudad de La Paz.

En virtud de este pequeño homenaje es que resulta importante mencionar que la cultura ha sido siempre política y el ejercicio de la política es una forma de hacer cultura. Lamentablemente en el siglo XXI hay quienes pretenden separar este impresionante binomio cultura-política, es por ello que recuerdo el sueño de Sancho Panza de convertirse en gobernador de una ínsula y el ingenioso hidalgo Don Quijote atrajo a Sancho para ser su escudero bajo la promesa de que lo haría gobernador.

En el año 2016, creo que existen muchos Sanchos que buscan únicamente el poder por el poder, sin comprender aún que aspirar a gobernar requiere años de preparación. Ser representante popular no debe ser únicamente sinónimo de popularidad, hoy más que nunca nuestro país requiere perfiles en el poder ejecutivo, legislativo y judicial que comprendan a cabalidad los conocimientos técnicos que permitirán desempeñarse con probidad. Considero que este comentario debe servir como reflexión para todos los ciudadanos que desean convertirse en representantes, para que tomen como premisa la preparación y no busquen lacerar nuestros distritos, ni nuestros municipios, ni los estados o entidades federativas con papeles improvisados.

Dejo sobre la mesa la reflexión y me despido de ustedes con estas bellísimas frases de Don Miguel:

“Confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades.”

“El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho.”

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