Por J. Jesús López García

La arquitectura que conocemos con el concepto <<moderno>> más que poseer un adjetivo -que se ha ido banalizando hasta perder mucho de su filo-, poseía una fuerte carga ideológica acompañada de robusta tendencia a la experimentación técnica, funcional y compositiva. El núcleo sólido de esa condición arquitectónica se exhibió durante las iniciales cuatro décadas del lejano siglo XX, las cuales fueron de intensa experimentación, confrontación y que representaron décadas de búsqueda, debate e incontables análisis, tanto de los profesionales de la arquitectura, críticos así como de la misma sociedad a la cual iba dirigida esa modernidad arquitectónica, incluso se llegó a subestimar toda la validez de la tradición canónica.

Sin embargo, los postulados modernos se impusieron hasta lograr que la misma arquitectura comenzara a establecer los principios de lo que se estaba alejando: un nuevo canon, pues con eso la revolución intelectual que propugnaba como una acción continua, fue clausurada.

Realmente a pesar de la aparente ruptura de la modernidad arquitectónica con la tradición precedente, más que nada por su instrumentación técnica, esa modernidad se ha ido incrustando en la historia de la arquitectura como un episodio más, convirtiéndose al paso del tiempo, en parte de la tradición que pretendía abolir.

Ya en 1932, se acuñaría el término International Stylepor parte de Philip Johnson y Henry Russel Hitchcock, en ocasión de la muestra de arquitectura que organizaron éstos en el Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York, con lo que compendiaron formas, técnicas y tendencias para estructurar un catálogo de obras arquitectónicas bajo una misma etiqueta. Sin embargo, la situación de los maestros modernos de la arquitectura con la palabra <<estilo>> radicaba en que un estilo es adjetivado hasta aquello que nombra ha pasado y puede analizarse de acuerdo a las características de sus partes, su tiempo y su lugar; en pocas palabras cuando aquel hecho artístico o arquitectónico ha concluido.

Para ese momento la arquitectura moderna aún gozaba de buena salud experimental lo mismo que su propio contexto teórico y crítico, pero la muestra del MoMa fue una primera llamada a la terminación de la primera fase de lo que se venía gestando en la arquitectura y que presentaba una pluralidad de tendencias.

Posterior a la Segunda Guerra Mundial, emergieron propuestas que exhibían un aire fresco acorde con los nuevos tiempos que se veían venir, ya que esa modernidad arquitectónica <<internacional>>se tornó más homogénea. La torre Latinoamericana de la Ciudad de México no es muy diferente a torres contemporáneas en otras partes del mundo. A diferencia de otros estilos tal como el barroco que presentan rasgos muy locales, la arquitectura moderna del <<estilo internacional>> nulificó el contexto geográfico y cultural.

Más en la segunda etapa de la arquitectura moderna comenzó la impronta regional proponiendo nuevas vías de experimentación.Conservando el cosmopolitismo primigenio, novedosas preferencias -varias de ellas surgidas en países alejados de la centralidad intelectual mundial en ese momento- dieron nuevo aliento al ensayo.

El arquitecto y escritor de la arquitectura inglés Kenneth Frampton acoge bajo el término <<regionalismo crítico>> a esas tendencias; no las define como estilo pues son muy diferentes entre sí aunque uno de sus vasos comunicantes, más allá de la síntesis compositiva, es el intento de dar salida creativa a la tradición del lugar a través de los filtros modernos.

A la par de Francia, Inglaterra, Alemania, Estados Unidos, entre otros países, la propensión de esa etapa surgida en Finlandia, Japón, Brasil, México y en abundantes partes más, poseían un brillo y un interés especial. Figuras como Alvar Aalto o Luis Barragán son muestra de ello, sus edificios son eminentemente modernos pero no internacionales, apelan a la tradición local -Finlandia y México respectivamente- pero reclaman su lugar en la modernidad mundial. Esa predilección, que por fortuna han eludido hasta la fecha su etiquetación como <<estilo>> continúan proporcionando varios modelos de entender la arquitectura.

Los trabajos del suizo Peter Zumthor, del australiano Glenn Murcutt o el mexicano Alberto Kalach son algunos de los ejemplos de que la modernidad arquitectónica tiene aún infinitas líneas que explorar, apartándose de la homogeneización internacionalista.

En Aguascalientes contamos con excelentes modelos de arquitectura moderna que ha adaptado al color local como parte de su paleta, a manera de la residencia ubicada en la esquina de las calles Paseo de la Asunción Norte y Jardín de San Marcos en el Fraccionamiento Jardines de Aguascalientes, diseñada y construida por el arquitecto Antonio Ameijeira Suárez, que presenta el icónico vano horizontal moderno, volumetría sobria, equilibrio de considerables masas y volúmenes. Conserva los paramentos alineados con el terreno y hace juego con aplanados y piedra conservando alféizares profundos como en las antiguas casonas de adobe de nuestra región. Combina la moderna sencillez de la composición con características esenciales de la tradición.

Finalmente lo interesante de la arquitectura no viene en la pureza formal o estilística de una propuesta, si no en su capacidad de mezclar características de múltiples procedencias. Se contraviene así el refrán <<Nunca segundas partes fueron buenas>>.