Carlos Reyes Sahagún

Cronista del municipio de Aguascalientes

 Así como para comenzar a calentar las fiestas patrias, le recuerdo que en este año de desgracia, el 23 de mayo anterior, se cumplieron 180 años del decreto que separó a Aguascalientes de Zacatecas, y lo dotó de vida propia.

Sin embargo, si somos un poco más rigurosos se verá que el asunto es más complejo y que las cuentas no cuadran, tal y como se verá…

El tema me permite referirme a una de esas cosas de esta vida que nomás no puedo entender, por más lucha que le hago. Se trata de algo que para mi desgracia pone de manifiesto mi falta de luces, la oscuridad que vela mis ojos y mi entendimiento, impidiéndome comprender la sustancia de esta vida; la mera neta…

A ver si usted entiende y me lo explica. Corre y se va: el 13 de mayo de 1846 Estados Unidos declaró la guerra a México. Desde luego de inmediato pasaron de las palabras a las manos e invadieron el país, tanto por el norte como por el oriente. La guerra, que costó a México más de la mitad de su territorio, concluyó en 1848, con la firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo, el 2 de febrero de ese año –a lo mejor todo este asunto de los tamales y el atole de esa fecha se inventó para disimular la afrenta recibida; el robo en despoblado y a cielo abierto-.

Mientras tanto; cuando el invasor violentaba el territorio y se apersonaba en México para plantar su bandera en el asta del Palacio Nacional, y hacía de las suyas por donde andaba, los diputados mexicanos del Congreso General reorganizaban el país… En efecto, el 21 de mayo de 1847 el legislativo emitió el Acta Constitutiva y de Reformas, “en nombre de Dios, creador y conservador de las sociedades”.

El artículo 6 dice lo siguiente: “Son Estados de la Federación los que se expresaron en la Constitución federal y los que fueron nombrados después conforme a ella. Se erige un nuevo Estado con el nombre de Guerrero…”

Aquí es donde la puerca torció el rabo y Aguascalientes regresó a la órbita de Zacatecas, quizá por aquello de que el estado no fue “nombrado” conforme a la Constitución de 1824, sino por las pistolas del general Santa Anna, precisamente cuando la República Federal casi estaba de cuerpo presente.

Lo que nomás no puedo entender es lo siguiente: ¿¡Cómo rayos era posible que los diputados estuvieran discutiendo la organización del país, cuando éste corría el grave riesgo de desaparecer, a manos de los ambiciosos del norte?! El momento era para defender a la patria, echar bala y harto cañonazo a fin de echar al mar a quien había osado “profanar con su planta tu suelo”, y no de andar discutiendo cosas que a lo mejor en el mediano plazo ni siquiera podrían aplicarse.

Y a propósito de Patria, uno de los periódicos más antiguos de Aguascalientes, a resguardo del Archivo Histórico del Estado, es El Patriota, periódico oficial del estado de Aguascalientes. Fíjese lo que se discutía aquí en esos desgraciados días; fíjese bien: el 28 de abril una serie de abajo firmantes se dirigió al gobernador: “Con el debido respeto, comparecemos manifestando, que resueltos firmemente a marchar, los primeros a la campaña en defensa de nuestra patria, de nuestra fe, de nuestras familias y de nuestro honor, solicitamos de VE, el permiso para formar nuestras reuniones en el portal de la casa consistorial, ya sea en las tardes o en las mañanas, con el fin de combinar y preparar nuestra violenta marcha, al punto que el gobierno determine.

Los que ahora subscribimos, estamos equipados y armados por nuestra cuenta, mas podrá recurrir que algunos de los que se nos unan carezcan ya de armas, caballos, monturas, y es para quienes solicitamos la cooperación del gobierno.

El uniforme que nos proponemos usar en la campaña, tanto por su duración como por lo económico de su costo, es formado de pantalonera serrada, de gamuza, chaqueta de lo mismo y sombrero tendido de lana. El armamento, en vista de la escasez en que nos hallamos del de fuego, haremos uso de sable o machete, lanza y pistolas, o carabinas que llevarán los que las tengas propias.

El estandarte bajo el que juraremos todos vencer o morir, llevará esta inscripción: México libre, voluntarios defensores de la patria, Aguascalientes. Al otro lado dirá: Patria, libertad, religión o muerte.

La bendición de este estandarte y el solemne juramento, V.E., lo determinará de la manera que lo crea conveniente, y esta memorable función, hará verter sobre el sagrado altar, lágrimas de ternura y de valor, para que en el campo de batalla sólo sangre se derrame”. (El Patriota, Periódico oficial del estado de Aguascalientes, No. 5. 1 de mayo de 1847).

La respuesta tuvo lugar al día siguiente, y desde luego fue afirmativa. Además, el gobernador, que lo era Felipe Cosío, decidió que dicho contingente se denominara Voluntarios Defensores de la Patria. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).